NOISE MAGAZINE

Apropiación de la moda

Por Hiram Pinto

La apropiación cultural ha sido una constante en la incorporación de fenómenos y elementos de culturas ajenas a la cultura propia, por lo general, dicha apropiación comienza combinando cuerpos muy característicos de una civilización para posteriormente transformarlos en rasgos peculiares de algo a lo que llamamos nuevo. 

Hablar de apropiación es hablar de adquisición, confiscación y privación y siendo todos los anteriores adjetivos con una connotación negativa no podemos cegarnos ante la idea de que por lo general dichas conquistas se hacen de manera irreflexiva. En el mundo de la moda, lejos de ser una copia –que muchas veces se disfraza de admiración– la apropiación tiene fundamentos basados en lo vital de una cultura tomando lo extranjero como un mérito acrecentado al cuál no se le rinde culto, sino que se le transforma.  

Pese a esto, dentro de la industria nos encontramos con esta postura de manera constante y en el mundo actual en donde todos estamos conectados los unos con los otros a través de redes sociales predicando nuestro estilo propio con orgullo, nos olvidamos por completo de esta problemática y cómo es que nos impacta de manera innegable, es por ello que creo es el momento perfecto para mensurar la importancia del tema y reflexionar acerca del mismo.  

¿Cuándo la moda pasa de ser un centro de inspiración a un total robo de identidad?  

Recuerdo bien que mi primer acercamiento al término “apropiación” sucedió hace dos años cuando leía una noticia donde se le acusaba a la diseñadora Isabel Marant de plagiar un patrón de la vestimenta típica de la comunidad indígena Mixe proveniente de Santa María Tlahuitoltepec. Dicha incriminación se originó vía Twitter, cuando la mexicana Susana Harp publicó una fotografía de la blusa de la colección Etoile de Marant y la comparó con el diseño tradicional de Tlahuitoltepec, trazado hace más de 600 años. La diseñadora francesa replicó diciendo que su colección incluía patrones tribales, sin embargo y después de una conferencia de prensa de la comunidad de Santa María, Marant afirmó que tomó inspiración de la comunidad Oaxaqueña pero se exculpó de haber dicho que los bordados en las túnicas eran creaciones suyas. 

La verdadera problemática radica en que todos estos diseños no son atribuidos a ninguna comunidad ni son partícipes de crédito dentro de los grandes desfiles de las casas de moda y muchos de ellos denotan una identidad cultural importante. Sucede hasta que alguien externo glosa las similitudes y acrecentar la voz, que los diseñadores responden a las acusaciones de plagio y ahí es cuando se suscita un debate en torno a la cuestión de la apropiación cultural dentro de la industria.  

Así como el caso de Marant y la comunidad indígena Mixe, existen cientos de incidentes que motivan la apropiación cultural, no obstante, dichos sucesos no son exclusivos de las casas de moda sino que los albergamos en nuestro día a día sin lograr distinguirlos, o por el contrario, los observamos tan cotidianamente que ya han sido adoptados dentro de nuestras normas al momento de vestir. Esto no quiere decir que estemos atentando hacia la identidad de una sociedad por utilizar ciertas prendas, peinados o estampados, sin embargo hay que reconocer que el discernimiento, la investigación y el interés en los detalles son herramientas que evidencian cuánto sabemos de cierta cultura y el nivel de respeto que mostramos a la misma. 

El debatir este tema es muy complejo. Existen comunidades que realmente se sienten atacadas ante esta mayoría que las margina sin afligirse acerca de cómo sus acciones pudiesen afectar a las personas procedentes de la comunidad ajena, pero al momento de abrir una disputa hay que tomar en cuenta que siempre nos vamos a encontrar con dos caras de la moneda: aquellos que estipulan pueden ejercer su libertad de expresión sin sentirse atacados y quienes aseguran que sus preocupaciones acerca de la apropiación no están siendo tomadas en cuenta.  

A mi parecer, la apropiación cultural no rehúye a la participación de culturas extranjeras. Creo firmemente que la era moderna nos abre las puertas a un mundo más ecuánime, en donde estamos invitados a comprendernos los unos a los otros, a instruir más allá de lo que conocemos, sin distanciarnos de nuestra realidad. El disfrutar de la gastronomía, de las melodías, de las costumbres y en este caso, de la moda como expresión artística de otros mundos, nos enriquece como individuos y nos hace diversificar lo que creemos.  

 Cuando a apropiación cultural se libera del poder opresivo que ejerce y se transforma en un intercambio cultural, éste nos permite comprender porque la moda, cuando se inspira en una cultura y está fundamentada en el conocimiento y el respeto, es considerada un arte.  

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