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Made In China. La ilusión de lo que algún día puede ser.

Por Hiram Pinto

Es extraño pensar en como la frase “Made In China” está inscrita en la mayoría de los productos que utilizamos día con día, sin embargo, cuando hablamos de moda, China no es la primera opción que viene a nuestras cabezas: lugares como Londres, Nueva York, París y Milán se han convertido en las capitales más importantes de la moda y por ende, son las primeras que atribuimos cuando hablamos del tema.

¿Por qué China no destaca entre los países con las semanas de la moda más esperadas del año?, ¿por qué no conocemos a un diseñador oriental que se haya caracterizado por crear una colección que esté en boca de todos? o ¿por qué la mayoría de nuestra ropa no lleva la leyenda “Made In China”?

Pese a que todas las cuestiones anteriores no se pueden resolver al cien por ciento ni con una sola respuesta, es bien sabido que China es el consumidor de moda más grande del planeta. El poder adquisitivo de este mercado permite que un poco menos de la mitad de todos los productos de lujo del mundo sean adquiridos por clientes chinos; una extraña contradicción tomando en cuenta que las tiendas de lujo alrededor del globo emplean a personal de habla china para poder atender a los turistas que llegan a sus tiendas pero no invierten en dicho país para hacer crecer el negocio.

Se cree que la ausencia se debe al mundo fantástico occidental que la mercadotecnia se ha encargado de implantar en los consumidores asiáticos: en la semana de la moda que es celebrada en Shanghái, se pueden observar cientos de panorámicos de firmas como Gucci, Burberry y Coach, pero no encontramos exposición alguna de diseñadores chinos o del talento emergente. Alrededor de la ciudad ocurre lo mismo, son esporádicos los anuncios que se pueden observar en Shanghái en torno a la semana de la moda y cuando se encuentran, hacen referencia a firmas occidentales. China pareciera ser el taller del mundo, es el país que manufactura nuestras computadoras y nuestros automóviles y prácticamente todos los fabricantes del planeta tienen a China como pilar en su cadena de suministro de alguna manera u otra –las marcas de moda no son la excepción–, la mano de obra china ha creado una cantidad de riqueza increíble y es por ello que firmas internacionales han conseguido plantas propias para producir, distribuir y vender su ropa en la ciudad más poblada de la tierra.

Si China es un gran consumidor de moda y de la misma forma manufactura, distribuye y exporta ropa, ¿por qué no estamos viendo marcas de moda chinas en tiendas de todo el mundo?, ¿por qué nuestro armario está conformado por diseños europeos?

Uno de los más grandes problemas es, que los consumidores chinos no están interesados en el mercado local. Esta idea de las firmas internacionales como único lujo o tendencia está tan instalada en el mercado asiático que los diseñadores chinos –que hay que aclarar, tienen un talento inigualable– quedan excluidos. Cuando se inauguró la semana de la moda en Shanghái, el gobierno extenuó un gran esfuerzo

para controlar los medios de comunicación y exponenciar a los artistas regionales, sin embargo el consumidor oriental adora la importación Europea y Americana; esto sin duda dificulta la situación para los diseñadores emergentes, que se enfrentan a una batalla casi imposible, intentando temporada tras emporada, realizar colecciones que compiten con firmas internacionales sin poder construir un negocio con éxito en su propia nación.

El país todavía no desarrolla el gusto por su propio talento, es por eso que Shanghái está lejos de formar parte de las cuatro capitales de la moda y sus diseñadores están tan desesperados por mostrar sus habilidades que han conseguido presentar sus colecciones en diferentes plataformas a través del globo: Influencias tradicionales chinas, siluetas anchas con pliegues, abrigos masculinos y chaquetones pesados han sido sólo algunas tendencias que han presentado los diseñadores chinos que han cautivado al publico occidental.

Feng Chen Wang es un claro ejemplo de cómo el talento chino puede destacar en las pasarelas. En su colección de Primavera – Verano 2018 presentada durante la semana de la moda en Nueva York, podemos observar chamarras con mangas abullonadas de materiales y textiles poco comunes, petos anchos y chaquetones puffer, sin embargo lo que sobresale de dicha colección es el estampado “Made In China” que está presente en la mayoría de las piezas. Feng Chen, quién realizó estudios en El Colegio Real de Arte en Londres no sólo confeccionó prendas con siluetas modernas, sino que nos dio un mensaje: “Made In China” ha sido asociado erróneamente con artefactos inservibles, pero esta tierra mística es el hogar de las fábricas textiles mas avanzadas del mundo y cuenta con un hermoso legado de artesanía tradicional.

Si el mercado local de China no ha llegado a las marcas nacionales todavía, entonces no es de extrañar que aún no hayan encontrado sus pies en el extranjero. Muchos otros diseñadores chinos como Feng Chen Wang se han graduado de colegios Europeos, así que su influencia en la moda occidental es inevitable y no se puede negar que sus ojos están puestos sobre las tendencias que suceden principalmente en las capitales más de la moda, en lugar de buscar y observar el talento que los rodea.

Eso es lo que impulsa la industria de la moda en China en la actualidad, una ilusión de lo que algún día puede llegar a ser: su sociedad está cambiando de manera positiva, y aunque lenta, el crecimiento es gradual. Existe una nueva generación de diseñadores y consumidores orientales que tienen hambre de exponer su trabajo, de consumir y de cambiar el terreno de la moda en la nueva China.

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