NOISE MAGAZINE

Las tallas son algo totalmente emocional.

Por Hiram Pinto

Qué felicidad es entrar en pantalones una talla más pequeña.

Supongo que no soy el único que ha sentido esta emoción y en la contraparte, el amargo sabor de cuando los jeans hermosos que queremos no están disponible en nuestra talla… Y nos damos cuenta de que la medida que nos probamos es la más grande. Cuántas veces no extendemos unos pantalones, una camiseta, una chaqueta y pensamos: “¿Yo si quepo en esto, verdad?” y terminamos decepcionados, tratando de convencernos de que un par de pitillos no determinan nuestro valor como personas.

Sin embargo nos quedamos con este sentimiento, muy usual, de culpabilidad. No tomamos la última dona de la caja porque creemos que si lo hacemos no podremos llegar a nuestros estándares de belleza en donde sí cabemos en esos adorados jeans que nos medimos la semana pasada.

¿Por qué el tamaño de nuestras prendas tiene tanto impacto en nuestras vidas?

He hablado de este tema antes y cuando escribí mi primer artículo de moda plus size recibí retroalimentación de personas que se sintieron identificadas con lo expuesto, también alguno que otro reclamo y opiniones que me hicieron abrir los ojos y querer investigar más acerca del tópico pero desde un punto de vista diferente, uno que se concentrara más en lo que sentimos debido a ésta situación.

Mi última declaración en este tema se concentraba en las marcas de moda que estaban incluyendo en sus colecciones prendas de tamaños más grandes. Encontré un montón de información basura y campañas fallidas que lo único que hacían era hacer sentir a los consumidores de la peor forma. –Muy por el contrario a lo que querían transmitir.–

Una persona que disfruta de la moda, que nunca ha sido delgada y las minúsculas tallas que los diseñadores consideran la mejor manera de mostrar su trabajo, han sido una constante molestia en este tema que nunca termina. Y en sí, no sólo es un problema para las personas que consumen tendencias, el confeccionar piezas de pasarela para personas robustas es algo que los diseñadores, personalmente, han rechazado más de una vez.

Esto no sólo ayudaría a que el trabajo de diseñadores y estilistas se expandiera a un público mucho más amplio, la diversidad de personalidades y cuerpos que podrían portar las prendas es trascendental y las curvas darían un nuevo giro a dichas piezas que no serían sólo para cantantes o modelos (Una ambición deseable que se traduce no sólo a la ropa, sino a la aspiración de ser alguien que tal vez nunca seremos y que muchos no quieren ver).

Una de las principales propuestas para cambiar la industria y en la que más tengo fe, es la iniciativa que tuvieron distintos grupos importantes de casas de moda de prohibir la participación en pasarelas de modelos con tallas menores a la 0 y que no cumplieran con un expediente médico que verifique que están en un estado de salud favorable. No se trata de satanizar a las modelos delgadas ni de excluirlas para abarcar este nuevo molde de pensamiento pero sí de dejar de esperar que entren en prendas miniatura y ver esto como algo normal. ¿Cómo el prohibir esto ayuda a la forma en la que nos comunicamos dentro de la industria? Si las firmas globales se comprometen a cumplir con este pequeño pero importante paso, una gran reacción en cadena estaría sucediendo: no más presentaciones con modelos de tallas esqueléticas y la oportunidad de inclusión a tallas más grandes sería sólo el comienzo. Es un trabajo de todos, pero al final, quienes consumen moda son quienes tienen el mayor poder decisivo.

El tamaño de una persona define su rol en la sociedad en algún momento de sus vidas. Es duro decirlo, y puede haber muchas opiniones revoltosas al respecto, pero pongamos de ejemplo un maratón donde tendríamos que apostar por la ganadora y las competidoras fueran dos chicas; una de cuerpo atlético y una de cuerpo robusto. ¿A quién elegiríamos? el inconsciente hace las matemáticas y con nuestra honesta respuesta podemos darnos cuenta de que la manera en la que vemos el cuerpo ideal es un marcador de cómo queremos vivir y eso refleja lo que la mercadotecnia nos ha implantado todos estos años.

Al día de hoy, la educación acerca de los problemas nutricionales y cómo los manejamos en la industria solo nos demuestran las tendencias del cuerpo, algo que sabemos es difícil de alcanzar. Para la moda, estar delgado es sinónimo de clase, de sofisticación, es la perversa habilidad de controlar nuestro apetito en contra de esa deliciosa hamburguesa de McDonald’s que tanto deseamos comer.

Entonces, ¿cuándo seremos capaces de entender la diversidad del cuerpo del ser humano y valorar los tamaños antes de nuestro “amor propio”? (disfrazado de nuestros intentos de un cuerpo fit).

La industria podría dejar de jugar con nosotros y ayudar. ¿Por qué un pantalón de ZARA talla 32 es equivalente a uno talla 28 de Forever21? ¿En qué se basan para volver todo tan confuso? Son pocas las tiendas de retail y marcas globales que han invertido en la investigación de tecnologías que nos pueden ayudar a realmente vestir a las personas dejando los números detrás y basándose realmente en la estructura de las medidas: el número impone restricción mientras que la medida nos da poder a un concepto de autenticidad que nos hace sentir bien. Cuando algo nos queda a la perfección, generamos una conexión especial con las prendas que nos motiva a seguir buscando el sentimiento en otra prenda similar, queremos sentirnos cómodos y atractivos en nuestra ropa.

Ojalá el tiempo sea determinante para que el tamaño deje de ser algo totalmente emocional y se convierta en algo irrelevante, que no nos defina como personas.

Instagram: @Thebabymilk