NOISE MAGAZINE

Belleza al natural

Por Sam Lacayo

La última vez que pensé en escribir sobre este tema me encontraba sentada esperando a que mi mamá terminara de trabajar para poder irnos juntas a la casa. No recuerdo exactamente lo que pasaba por mi mente, pero de alguna manera mi atención estaba completamente centrada en mi madre. Estaba atardeciendo, la luz tenue daba directamente a su rostro resaltando cada detalle que mis ojos pudieran absorber y lo primero que me vino a la mente fue “belleza al natural”. Para explicarles el concepto de esto tendría que contarles un poco sobre mi madre y su influencia en mi…

Mi mamá creció en El Salvador, en una casa conservadora y con cuatro hermanos. Ella es la última de cinco y la única mujer. No sé si se deba a esos factores o no -cada quien se desarrolla diferente- pero mi mamá nunca estuvo cerca de la influencia de la belleza efímera del maquillaje, los tintes de cabello, uñas postizas, depilación con cera, etc. etc. Siempre fue femenina a su manera, pero no de manera extravagante o sobre-esforzada. Por ende, nunca me instruyó en referencia a todas estas cosas, pues ella misma no sabía mucho de ellas.

Mientras yo crecía, no tuve que preocuparme mucho por mi apariencia estética, ni siquiera lo tenía en mente. Cómo les explico que nunca llegué a usar maquillaje hasta estar en la preparatoria, y sólo porque mis amigas me forzaron. De cierta manera fue mi decisión, pero creo que en su mayoría también fue el ejemplo que ví en mi mamá.

Claro, llega un punto en que cada ave vuela fuera del nido, -esta es una alegoría que aplica en distintos aspectos de la vida- y llegó el momento en que yo quise experimentar de todo y con todo a través del maquillaje. De poco en poco me acercaba más a los estereotipos de belleza que veía en las revistas, programas de tv, redes sociales, etc. Maquillaje líquido y en polvo, cejas pintadas, pestañas postizas, delineador en lápiz, labial rojo y todo lo que falta. Tenía mi rutina de una hora de maquillaje para irme “lista” y a tiempo a la facultad. Todos los días por un par de años. De crecer y pasar la mayoría de mi vida sin tener que preocuparme por el maquillaje, ahora no podía vivir sin él. No tiene nada de malo, conozco personas talentosísimas que aman el maquillaje y lo usan como un medio de expresión artística, pero cuando pasamos la vida pensando que debemos cubrir nuestro rostro porque sin eso no estamos “completos” algo anda mal.

Me dí cuenta de que tenía un problema con el maquillaje en el momento en que me lo quitaba y mi autoestima iba a dar a los suelos. Me sentía insegura de mostrar mi cara completamente al desnudo, como si esto tuviera algo de malo. Esa fue la primera llamada de atención y la única que necesite para darme cuenta de que mi percepción de la belleza había sido dañada de manera tóxica, y que debía hacer algo al respecto. Era simple… dejar de usar maquillaje. Pero, ¿cómo das un paso tan grande con tal inseguridad? Fácil, ¡no tienes porque dar un paso grande! Cada día iba disminuyendo mi uso de maquillaje de poco en poco. Primero el rostro, los labios, las cejas, y finalmente los ojos; hasta por fin quedar al descubierto. Fue extraño y un tanto incómodo al inicio, pero rápidamente entendí que nadie me veía de la manera en la que yo me estaba viendo. Lo he dicho varias veces, nosotros mismos somos nuestros críticos más duros.

radical self love <3

El maquillaje en sí no era el problema, el problema real se escondía debajo de la manera en la que me veía a mi misma. Es verdad que en los últimos años hemos tenido un auge en la sociedad para terminar con los estándares tóxicos de belleza que nos persiguen, y aunque se ha luchado por un movimiento de amor propio en todos los sentidos, cada quien tiene su propia batalla de aceptación personal. No es fácil quererse tal y como eres en un mundo que te pide que cambies porque “es lo mejor”. A veces es necesario dejarse llevar por la corriente para comprender las razones para ir en contra o a favor.

En fin, en camino a esta experiencia aprendí bastante, como el hecho de que nadie observa mi apariencia con tanta atención más que yo; y muchas otras cosas en referencia al amor propio – que cada quien se da en mesura a lo que consideran se merecen-.

Creanme, todos merecemos amor, y aún más si viene de ti mismo. Así que recuerden que lo importante no es usar un kilo de maquillaje, portar ropa fina y de marca, o tener el cuerpo de Megan Fox, al final la belleza natural está en cada uno, sólo hay que dejarla libre.

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