NOISE MAGAZINE

Explorando la feminidad

Por Sam Lacayo

Por mucho tiempo el término “femenino” cargaba con acciones e ideas denigrantes; la delicadeza como símbolo de debilidad, la tranquilidad como idea de sumisión, o la belleza como característica de estupidez o vanidad. Ideas que hacían inferior a todo aspecto que se viera femenino y las personas que destacaban por ello.

Hasta hace poco muchas mujeres preferían negar aspectos de su feminidad para llegar a ser tratadas como seres humanos “capaces”, usando frases como : Yo soy diferente ó No soy como las demás.

¿Les suena familiar? Alguna vez yo misma use estas frases en un intento por distanciarme de mi género. Porque crecí con una idea de lo que significaba ser mujer, y esa idea no me agradaba. Los estándares por los cuales debía pasar para poder considerarme “correctamente” femenina no eran de mi gusto porque no me sentía cómoda con ellos. Me hacían sentir inferior en muchos sentidos, como si mi rol en la sociedad fuera menor al de otros; hasta ahora me doy cuenta que no tenía que ver con los estándares, si no con la idea que se creó en torno a ellos.

El emparejar la belleza con la estupidez como si una persona no pudiera ser hermosa e inteligente a la vez; la idea de que una mujer siempre debía ser callada, tranquila, que guardará su compostura y  fuera una dama por sobre todo lo demás.

El tener ideas propias se veía como símbolo de rebeldía, y no permitir que hablaran por encima de ella se veía como falta de respeto. La mujer vivió un papel muy difícil en la sociedad por causa de lo que su feminidad significaba; y ni se diga de los estándares tóxicos que se les impartían a los hombres, obligándolos a sobre-masculinizar su persona para cancelar toda idea de feminidad en ellos porque esto los hacía menos hombres.

En el diccionario, Feminidad aparece como :

¨Conjunto de características físicas, psíquicas o morales que se consideran propias de la mujer o de lo femenino, en oposición a lo masculino.”  

Afortunadamente, hoy más que nunca nos hemos dado cuenta de lo erróneos que podemos estar en cuanto a los conceptos de género que sea han marcado tan fuertemente por la sociedad en la que vivimos. La manera de ver una masculinidad y feminidad como opuestas el uno al otro y no como un balance dentro del ser humano.

Las características que tanto se le adjudican a un género no las hace propias de éste; sensibilidad, amabilidad, fortaleza, asertividad, belleza, paciencia, inteligencia… todas son cualidades que cualquier persona puede tener. ¿Por qué entonces las señalamos como características singulares de un género?

Un buen amigo me dijo recientemente, “Los problemas nacen cuando empezamos a comparar”, y tal vez no sea una comparación como tal, sino más bien una etiqueta estricta de lo que debe o no debe ser en cada género. Colores, personalidades, preferencias, estilos, ideas, maneras de conducirse y comportarse. Reglas y más reglas que se han creado para mantener a cada uno en un lugar designado. Pero no hay lugar fijamente establecido o línea trazada de la cual no se pueda salir. La vida es propia de cada uno por vivir y es bueno recordar que pintar fuera de las línea a veces es mejor que mantenerse dentro de ellas.

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