NOISE MAGAZINE

Moda verde: ¿Por qué no es para todos?

Por Hiram Pinto

En la economía actual el consumidor promedio sólo puede permitirse comprar moda rápida; una industria que sabemos tiene un gran costo para la humanidad y para la naturaleza. La moda sostenible no debería de ser sólo para los que tienen mucho dinero.

Conocemos a quienes realizan nuestras prendas, aquellos que confeccionan la ropa que usamos trabajan en condiciones espantosas por largas horas, la mayoría de las veces, recibiendo mucho menos que el salario mínimo, viajando distancias enormes para llegar a su trabajo: las fábricas increíblemente peligrosas. Pero es esta cultura de las tendencias pasajeras las que dan lugar a un estilo que deja una gran cantidad de prendas obsoletos en tan sólo dos meses. Alrededor de 30 kilos es lo que tira una persona promedio al año de ropa y esta cifra ha estado en asenso y se ha duplicado en los últimos 20 años. 

¿Qué pasa con toda esta ropa que se fabrica para las tiendas de tendencia? Gran parte de ella está hecha de poliéster, un material que produce microfibras nocivas que se introducen en el agua cuando se lava. Después de hundirse en el océano, estos contaminantes son ingeridos por el plancton, que luego es consumido por los seres humanos, lo que supone una grave amenaza para la salud. Los químicos que se utilizan para cultivar algodón son altamente tóxicos y han causado la muerte de miles de agricultores que lo trabajan. La industria utiliza productos químicos para extraer materiales y sus prácticas de extracción contribuyen a la erosión del suelo dejando áreas no aptas para la agricultura, propensas a inundaciones y deforestación. Éstos son sólo algunos ejemplos del daño que producen los materiales con los que se fabrica la ropa de las tiendas de fast fashion. 

Si vemos todo esto, ¿porqué no creemos que la moda rápida es nociva?, ¿Qué podemos hacer al respecto si la ropa de tiendas de este tipo es la única que podemos adquirir?, ¿Qué sucede con las marcas de lujo y qué están haciendo para cambiar el panorama?

A pesar de que la tendencia verde ha crecido poco a poco, muchos parecen olvidar que la moda de lujo tiene un impacto igualmente dañino en el medio ambiente, es un mito que el fast fashion es el único responsable del caos; en el mercado del lujo, la joyería, el cachemir y los artículos de piel producidos perjudican gravemente al medio ambiente. La ropa de diseño puede ser más cara, pero sigue sin pagar correctamente a los trabajadores de la cadena de suministro ni siquiera el salario mínimo. Además, la mayoría de las marcas de moda verde son muy caras. Si a esto le añadimos que la marca sea también de lujo, la ropa se vuelve aún menos accesible para la población promedio. Stella McCartney es considerada en gran medida como la precursora de la moda sostenible y aunque es altamente admirable que integre el nylon reciclado en sus diseños y fuentes de viscosa de una manera que protege los bosques, su ropa no tiene precio para el consumidor común. Incluso las marcas de ropa sostenible que están destinadas a ser asequibles superan la mayoría del presupuesto de la población. 

Pero, ¿porqué las marcas de moda sostenible son tan caras? Las prácticas comerciales éticas pueden inflar los precios de manera acelerada, sobretodo porque son procesos minuciosos que no están adaptador por la mayoría de la industria. A cambio de emisiones y el gasto de agua que generan, las marcas de moda sostenible ayudan a los bosques de plantas a capturar naturalmente el CO2 del aire, invierten en soluciones de agua limpia, compran compensaciones de gases de vertedero, pagan salarios dignos a las mujeres y hombres que trabajan confeccionando ropa; por todas estas razones es que un par de vaqueros de procedencia sostenible pueden llegar a costar alrededor de $3,500 pesos mexicanos. Según cifras de expertos en finanzas, lo que se debe de consumir de nuestro salario en prendas es apenas el 5% del mismo lo que quiere decir que si nosotros ganáramos alrededor de $200,000 pesos mexicanos al año, lo máximo que podríamos consumir en ropa serían $10,000 pesos, lo que equivale a 2 pantalones sostenibles y la mitad de otro. Para la mayoría de la gente esto excluye cualquier posibilidad de comprar ropa de etiqueta verde y hasta suena imposible el adquirir solo dos pantalones por año. Incluso si pudiéramos permitirnos gastar más en ropa, esto no necesariamente reduciría el daño al planeta.

Nosotros, ¿qué podemos hacer para dejar de consumir moda rápida? 

Parece un manual que he escrito un millón de veces y que probablemente lean de nuevo en el futuro, pero la presión por dejar de consumir es muy difícil de soportar cuando los grandes CEO’s de las cadenas de fast fashion ganan literalmente miles de millones de dólares al año ofreciéndonos las últimas tendencias en los escaparates de sus tiendas. Si tan sólo el 5% de ese dinero se destinara a pagar más a trabajadores de la industria de la manufactura, a comprar materiales que no dañen el planeta, a actividades ecológicas y a la publicidad verde, se produciría una gran diferencia en la industria, pero es por lo mismo que se vuelve difícil, dichos empresarios se niegan a dejar de añadir dinero a su bolsillo y al parecer, no están interesados en reconstruir lo que conocemos como la industria más dañina para el medio ambiente en la historia.

¿Comprar en mercadillos y tiendas de segunda mano? También lo he escrito un montón de veces. Pero así como los grandes dueños de empresas batallan para dejar de lado el dinero de sus cuentas, a las personas comunes nos cuesta deshacernos de la idea de que la ropa nueva es el único método para lucir increíbles. Hay que tomar en cuenta que el 18% de la ropa de mercados y tiendas de segunda mano están desgastadas y el 27% se han desechado o donado porque las prendas ya no están de moda, ¿qué se espera que la gente encuentre en tiendas de caridad que valga la pena conservar? La búsqueda en este tipo de lugares es de carácter heroico, pues no todo lo que brilla es oro y el encontrar una pieza que valga la pena conlleva todo un esfuerzo, es una práctica que consume mucho tiempo. Por lo mismo, deberíamos de cuidar la ropa como cuidamos nuestros autos o nuestro teléfono celular y hacer que las prendas nos duren lo más posible.

Mientras el proceso de la industria de la moda es lento, las prácticas sostenibles se están generalizando. Son muchos grandes de la industria como H&M, Zara y ASOS los que están contribuyendo y abriéndose a negociaciones con respecto a las prácticas verdes, desde su cadena de suministro hasta los salarios que pagan a sus empleados confeccionistas. Las mejores son mínimas, pero al menos muestran un pequeño compromiso de mejora con los consumidores y con el planeta.

Estamos lejos de tener una industria de moda 100% sostenible, los diseñadores necesitan darse cuenta de que el desperdicio también es un desperfecto del diseño y que el planeta es el que está pagando por todos éstos daños. ¿Qué estamos haciendo para detenernos?

Instagram: @Thebabymilk