NOISE MAGAZINE

El problema con el cuento del príncipe azul: amor y violencia

Por Cynthia Gonzalez

Todos conocemos el cuento de hadas sobre un hombre y una mujer

–porque en la mayor parte de las historias fantásticas son así, parejas heterosexuales, que, aunque excluyen a las parejas homosexuales, estas historias no dejan de tener relación con la misma problemática — que se conocen y enfrentan dificultades para estar juntos y que luchan con cada uno de los obstáculos con el fin de ser felices para siempre.

A diferencia de los cuentos de hadas, en una pareja el “felices para siempre” difícilmente logra tener este estado de éxtasis constante al estar juntos.

Particularmente, las historias que comparten acercan al público a percibir a los personajes como seres completos y polarizados (o todo bueno o todo malo), historias como “la bella y la bestia” donde bella es entregada por su propio padre, viviendo con un hombre/bestia que la secuestra en su hogar pero que con el tiempo aprende a amar a su captor, resultando ser un apuesto príncipe. O ya si avanzamos en el tiempo, historias como “crepúsculo” que reflejan la historia de un chico-vampiro que pasa su vida detrás de una chica que a pesar de ser humana, causa en él una fuerte atracción; que, como era de esperarse, Bella se enamora de este personaje misterioso y peligroso a la vez, teniendo dificultades con otros vampiros, su vida humana e incluso su integridad, finalizando con la renuncia de su vida humana para “estar con el en la eternidad”; Finalmente, una de las películas más recientes y sutiles que he encontrado en Netflix es “The Kissing Booth o El stand de los besos “, una comedia romántica donde Elle, una chica que nunca ha sido besada decide recaudar fondos mediante un stand de besos, seguido a esto, Elle termina besando a Noah (el hermano de su mejor amigo) que tras darse cuenta que sienten algo el uno por el otro deciden tener un romance secreto con el fin de no afectar la amistad de Elle con el hermano de Noah y teniendo que decidir entre su relación amorosa y su amistad. Sin embargo, en diferentes momentos Elle se ve comprometida a estar con Noah, ya que de alejarse causaría enojo y desaprobación por parte de él, finalmente accede a sus demandas con la justificación de “haber sido muy dañado de niño y ella puede ayudarlo”.

La romanización de la violencia es uno de los factores cruciales en la visibilidad de la misma, nuestra cultura ha normalizado el abuso o el trato injustificado, poniendo excusas y recompensando y aplaudiendo su comportamiento. Una cultura que trata a las mujeres como objetos y deja pasar por alto acontecimientos violentos, disfrazándolos de actos de amor, con el fin de rescatar al otro y regresarlo como un ser “bueno”.

Curiosamente, en los diferentes filmes, los personajes se relacionan con “su media naranja” o “los iguales”, seres que parecieran ser moldeados a la perfección con el otro, que se logran complementar y entender porque son tan parecidos que es difícil verlos separados. Ante esto, Silvia Ons, psicoanalista argentina, señala que cuando se percibe como algo idéntico (en una relación) generan un aumento en la tensión agresiva y violencia en los vínculos. Y que donde aparece una posición de autoridad ante el otro genera una sensación de engrandecimiento, que contiene fuerza y violencia para operar.

En relación a esto, los filmes nos aproximan a la realidad social.  Actualmente los índices de violencia en la pareja son cada vez más preocupantes. En México, marcan un 47% de prevalencia en violencia de pareja, de igual manera los feminicidios han ido en aumento en lo que va del año, llegando a marcar porcentajes de dos mujeres asesinadas al día.

Los movimientos feministas han suscitado a colocar a la mujer en un papel activo en la toma de decisiones sobre su cuerpo y sus derechos, sin embargo, pareciera que el aumento igualdad, más allá de causar armonía entre ambos, genera un conflicto.

Diría Roxanne Gay “Cuando las mujeres reaccionan de forma negativa al sentido del humor misógino o sobre la violación es porque “son sensibles” y se les etiqueta de “feministas”, una palabra que últimamente se ha convertido en sinónimo de “una mujer que no tolera tonterías”

Al final, el feminismo ha focalizado su atención a la consciencia y la reflexión de estos discursos patriarcales, donde la mujer aparece como una rescatadora que pierde su singularidad. Sin embargo, aun queda mucho por trabajar, reflexionar acerca de las repeticiones que vivimos, haciendo énfasis en que el patriarcado no solo marca la idea de hombres contra mujeres, sino también mujeres contra las mismas mujeres, el feminismo se trata de marcar una unión y solidaridad entre mujeres, no olvidemos que apoyar y solidarizarnos también nos invita a cuestionar y reflexionar, para evitar estas repeticiones sociales, para comenzar a ver los matices de las problemáticas.

“El feminismo tiene fallas, porque es un movimiento impulsado por personas y las personas son intrínsecamente imperfectas”. Roxane Gay

Cynthia Gonzalez.

Psicóloga

Psi.cynthiagonzalez@gmail.com