NOISE MAGAZINE

Alzando un país: el arte después del 19 de septiembre

Por Cynthia González

Hace unos días, leí en uno de los encabezados de una nota el título “la tierra tiene memoria”; donde me percaté que mencionaba los múltiples impactos que han causado los sismos en la historia de México y, a su vez, como el 19 de septiembre despierta vivencias.  

Partiendo de los acontecimientos que surgieron en septiembre de 1985 y en el 2017, nos remonta a una experiencia que dejó miles de víctimas, damnificados y daños a la ciudad. Así mismo, era evidente las grietas de los edificios, las casas y escuelas, que eran acompañados por el dolor y la tristeza de una población que había perdido a sus seres amados.

Por: INDI MAVERICK

Pero, sin duda alguna, lo que provocó que México resintiera este terrible suceso fue lo que ocurrió el pasado miércoles, puesto que al finalizar el simulacro donde se conmemoraban los sismos ocurridos con anterioridad, se presentó un movimiento que la tierra realizó, pero que afortunadamente no se intensificó como para que ameritara la activación de la alerta sísmica.

Sin embargo, este evento manifestó la intensidad y preocupación para despertar los recuerdos de los mexicanos, acto que provocó que diversos artistas se expresaran y alzaran la voz ante el sentir de los compatriotas, donde se destacaba el amor y la solidaridad que caracterizó la reconstrucción de México. 

Por: Mariana Ramos Romo

Las conmemoraciones que se realizaron ante tal suceso, ofrecen el momento de revivir un pasado colectivo que tiene una poca explicación verbal. Los artistas se acercan a las memorias que empatizan con el sentir de una nación, cuyas creaciones incitan a elaborar un duelo colectivo, oportunidades de hacer catarsis o reconstruir lo perdido en estos eventos, en especial para aquellos que son supervivientes de pérdidas y experiencias traumáticas mediante obras que parecen acercarse con respeto, tocándo la experiencia suave y lentamente para luego volver a casa con una sensación nueva.

El duelo por la pérdida de lo que amábamos y habíamos construido siendo arrebatados nos acerca a lugares oscuros de la memoria, volviéndolo un enigma; nos muestra lo momentáneo de las cosas y que lo perfecto o bello tiene fecha de caducidad.Las muertes múltiples nos parecen algo terrible, pero cuando alguien cercano esta entre las víctimas, es un gran golpe. Cuando la muerte alcanza a alguien de nuestra familia, a algún amigo, a los compañeros de trabajo e incluso conocidos pareciera dejar un hoyo enorme en nosotros, el consuelo no alcanza y negamos ante todo sustituir aquello que se perdió.

Ser capaz de traer a la memoria esos recuerdos, es un logro emocional. Nos adentra a los temores, a la culpa, a la tristeza y a la rabia que generan estos eventos, es un momento sensible, íntimo y vulnerable para la persona, que al igual que lo hacen los pacientes frente al terapeuta, el arte se contacta con el dolor.

Sin embargo, el duelo también devuelve.  Si lo dudamos, volteemos a ver las estatuas e imágenes alrededor del mundo, donde tenemos que buscar el sustituto de lo que falta a la vida, conmemorando eventos y personas que dejaron algo en la cultura y en la sociedad

El psiquismo de una persona funciona de maneras profundas y maravillosas, logra separar las influencias destructoras de aquellas que son afectuosas, cálidas y beneficiosas; aferrándose al amor hacia los allegados, hacia la patria y hacia la historia que los une. Recordando que aquello que sucedió, ahora da la oportunidad de construirlo de nuevo y quizá sobre algo mas duradero y firme de lo que se tenía.

Por: Rafael Ramírez

 

Cynthia Gonzalez

Psicóloga.

Psi.cynthiagonzalez@gmail.com