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Tratando de ser perfectos en un mundo imperfecto

Por Hiram Pinto

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¿Qué es lo que nos motiva a vernos perfectos en nuestras fotografías de Instagram? La creciente popularidad de los filtros está provocando que algunas personas se pongan botox, relleno y hagan procedimientos que nos han vuelto obsesivos con “looks impecables”. 

¿Quién no sigue a una persona en redes sociales que parece ser así, perfecta? Suben unas tres o cuatro fotos diarias a su feed, unas cuántas selfies a sus historias de Instagram y si tenemos suerte, a veces nos muestran una pantalla de su carrete de fotografías del celular, donde podemos ver que tuvieron un tiempo difícil tratando de elegir entre un centenar de fotos, la que subieron. Estas personas, hasta cierto punto, obsesionadas con aumentar su número de seguidores y en la cúspide de sus trágicas conductas en línea, tienden a tomarse más de 50 selfies, tratando de encontrar la adecuada para su audiencia.

Alena Shishkova, modelo rusa de 26 años estaba obsesionada con Snapchat (antes de que Instagram tomara el control de las famosas stories), confiesa que le gustaba tener una plataforma donde podía ser la sensación y recibía miles de respuestas por cada selfie que subía. “Era la reina, tenía casi un millón de seguidores y recibía respuestas a lo loco por cada selfie que subía, Dios mío, era tan popular y sólo tenía que mostrar mi cara.” Pero los filtros también formaban parte de aquél atractivo. Alena -a casi un año de abandonar la aplicación para ahora compartir su vida en Instagram.- se tomo un entretiempo mientras encontraba la “solución a sus problemas”; la modelo estaba insegura por su nariz y eran los divertidos filtros de Snapchat la que le permitían deshacerse de ella, además, la embellecían con una piel perfecta, coronas de flores y orejas de perro. “Me gustaba verme con esos filtros, que hacían que mi nariz pareciera más delgada y mi barbilla más afilada.”  

Algunas veces, sus seguidores sugerían un meet and greet o por situaciones de trabajo, Alena tenía que reunirse con diferentes personas. “Ahí comenzaron los ataques de ansiedad, pensaba: ‘Tengo que parecerme a mis selfies’.” Fue en esa época obsesiva por los filtros cuando Shishkova comenzó a contactar a diferentes médicos estéticos a través de Instagram.

Socializar en el mundo real es difícil, así que decidir ser visto sólo en tu perfil de redes sociales suena a una buena idea. Hay que reconocerlo, pasa, estamos en un mundo en donde las personas simulan ser perfectas entonces intentamos acercarnos a ese estereotipo, lo que crea, claramente, un sentimiento de presión y de angustia. ‘No me gusta mi voz, no puedo hablar a la cámara, mis poros son enormes, mi piel es muy grasa, hoy no mi maquillaje no salió tan bien, no soy lo suficientemente bonito/a’ pueden ser sólo algunos de los pensamientos que cruzan por nuestra mente antes de decidir grabarnos o publicarnos. Este fenómeno se ha catalogado como una dismorfia corporal y se bautizó como la enfermedad de Snapchat en Londres. Comenzó cuando la mayoría de los doctores recibían pacientes que traían fotos de ellos mismos, selfies filtradas con estas nuevas tecnologías o manipuladas con Airbrush o Facetune como referencia para sus cirugías, muchas veces citando que querían parecerse lo más posible a lo que mostraban.

“Quiero parecerme a mí en esta fotografía, con los ojos más grandes y tener la piel perfecta.” es lo que alegan la mayoría de las personas que se acercan para someterse a un procedimiento quirúrgico, sin embargo, como menciona el cirujano Clarke, de London Bridge Plastic Surgery, “Eso es algo irreal e inalcanzable, es querer desdibujar la línea de la realidad y la fantasía, lo que desencadena no sólo un trastorno dismórfico corporal sino una afección mental donde las personas se obsesionan con defectos imaginarios de su apariencia.” Así es como relata que ha recibido pacientes que no se parecen nada a sí mismos en sus fotografías digitales y en persona. “Si esa es la imagen que vas a poner en tus redes sociales de ti mismo, te estás preparando para la decepción. Ese no eres tú.”

Los expertos en salud mental están señalando fuertemente el impacto de las redes sociales en temas relacionados con el autoestima y la confianza corporal, especialmente en mujeres adolescentes: un reciente estudio de la marca Dove, revela que el 72% de las mujeres entre los 13 y los 23 años se sienten cada vez peor con su apariencia debido a las redes sociales, y éste también ilustra que hacer scroll en Instagram por lo menos 30 minutos al día, las hace odiar sus cuerpos. Muy a pesar de todo esto, 2017 fue el año en donde más selfies fueron publicadas en Internet; según un artículo de SpringerOpen, fue el año de las “selfits”, un término que bautiza la toma compulsiva de selfies motivadas en buscar un estatus social o para eliminar los pensamientos negativos.  

Es totalmente comprensible, hasta cierto punto. Nuestra vida se ha sumergido en un mar de posibilidades en línea, desde conocer a nuestra pareja hasta encontrar un mejor trabajo, las fotografías que mostramos necesitan estar impecables. La pregunta aquí es: ¿pueden las personas identificar cuándo las fotos son originales y cuándo están manipuladas? Sólo el 65% de las personas pueden reconocer cuando una escena o persona han sido modificadas. No es una sorpresa que Facetune, y Facetune2 sean las aplicaciones más populares de los recientes años con más de 55 millones de usuarios activos. Tishler, dueño de la compañía detrás de dichas apps dice que es todo un éxito, “Es como crear una ilusión de que el cuerpo o la cara perfecta existen, es como estar en otro nivel. Todo el mundo sabe que todos los demás la usan, los super modelos y las personas comunes.” 

Crear expectativas poco reales es un círculo vicioso para quienes publican y para quienes observan. Esto  afecta de manera directa a ambas partes porque quien publica las fotografías se siente de cierto modo, infeliz, sabiendo que lo que está en línea no es real y al final del día, se enfrenta consigo mismo a través del espejo y quién consume esto, sin saber de las modificaciones, pone presión en sí mismo para lograr algo que ni siquiera sabe que es ficticio. La experta en imagen corporal Claire Mysko dice: “Si bien los medios sociales no son la causa de la baja autoestima, tienen todos los elementos adecuados para contribuir a ello. Éstas redes crean un ambiente donde los pensamientos y comportamientos desordenados realmente prosperan.” No es una sorpresa que el año pasado, 55% de los pacientes quirúrgicos haya revelado que el motivo por el cuál se estaban realizando una cirugía plástica o rellenando sus labios con botox era simplemente, para verse mejor en fotografías, contra un 13% que respondió lo mismo pero en 2016. 

Lo primero que causan estos filtros son una hermosa complexión de tu rostro, sin líneas de expresión, ojos moderadamente más grandes, algo inexistente y que te hace parecer fuera de este mundo; nadie lo tiene, nadie lo podrá tener nunca. Y a pesar de que los fillers, las inyecciones mágicas, y las cremas nos “acerquen” más rápidamente a estos resultados, aún hay muchas cosas que los doctores, ni las cuentas de Instagram nos dicen como es el caso del famoso “Kylie package” que se vende como pan caliente en miles de cuentas de Instagram a través de Europa por un moderado precio de 300, 200 o hasta 100 libras. “Y ese es uno de los trucos más engañosos de todos.” dice Clarke. “Necesitamos comprender que tenemos que negarnos a tratar a cualquier persona menor de 20 años. La mayoría de las chicas que me contactan tienen entre 14 y 18, a veces para aplicarse Botox preventivo, cuando algunas ni siquiera han terminado la secundaria. No es tan sencillo como un ‘click, click, click’, ver el trabajo de un doctor en dos minutos y lo contactas.” habla el cirujano de los riesgos. Se tiene que hablar de un antecedente médico, de los riesgos alérgicos, de los puntos nerviosos que existen en la cara, de la recuperación, de las anestesias y de todo lo que conlleva cualquier procedimiento, no sólo ver una foto de un “antes y después” que cualquiera puede sacar de Google.

Durante los últimos años, algunas instituciones de belleza en Europa y Estados Unidos han introducido pruebas de salud mental para las personas que solicitan Botox, debido a las críticas del Servicio Nacional de Salud de aquellos países, por no realizar controles ‘médicamente responsables’. Se necesita de una regulación muchísimo más estricta en toda la industria de belleza antes de que ocurran más tragedias y las aplicaciones se tornen aún más transformadoras. La búsqueda de procedimientos cosméticos innecesarios y poco realistas apoya el diagnóstico del desarrollo guiado por el comportamiento, que evoluciona a la dismorfia autoimmune, la cual verifica reacciones compulsivas en el espejo y otros comportamientos y pensamientos repetitivos y destructivos; son estas mismas personas las que se toman selfies todos los días, no porque las piensen publicar, sino porque piensan que ellos mismos son horrendos y necesitan criticarse con “pruebas”, fruto de sus autorretratos.  

En 2014, Danny Bowman fue diagnosticado como el primer adicto a las selfies. Pasaba horas frente al espejo criticándose a sí mismo e intentando tomar la fotografía perfecta. “Intentaba mejorarla día con día, podía tomarme más de 300 fotografías diarias, intentaba encontrar alivio y no pude conseguirlo. No había una foto perfecta. No hay una foto perfecta. Me salí de la escuela, perdí a mis amigos, a mi familia y a mí mismo.” Después de 6 meses, intentó suicidarse. Su madre lo encontró a tiempo y fue diagnosticado con dismorfia autoimmune. Parte de su tratamiento consistió en restringir el acceso a su teléfono y redes sociales por más de 12 semanas.

¿Qué podemos hacer para prevenir esto? Intentar amarnos a nosotros mismos podría ser una primera opción. Desconectarnos por un par de semanas y empaparnos de lo que es realmente la vida real. Observar a las personas que nos rodean, ver cómo y porqué son reales y admirar esa belleza. Manipular a nuestra mente para que cada vez que nos veamos al espejo, podamos observar al menos una característica positiva en nosotros y entender, que nuestro valor no reside en si nuestra piel luce perfecta o si nuestra nariz tiene un pequeño bulto o no. Existe un peligro obvio al tratar de estar a la altura de las imágenes cuando están tan alejadas de la realidad, por lo tanto, es importante recordar que la mayoría de las imágenes tomadas por las estrellas de Instagram han sido procesadas o fotografiadas con buena iluminación y ángulos ingeniosos, por lo que no son un reflejo de lo que vivimos (o de la realidad).

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Instagram: @Thebabymilk

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