NOISE MAGAZINE

Hablemos del Male Gaze

Por Cinthya Roura

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Estas últimas semanas todos hemos estado consumiendo más películas, series y contenido mediático de lo normal. Estar en nuestras casas casi el 100% del tiempo ( a excepción de cuando tenemos que ir al super o farmacia por algo de primera necesidad) resulta en tener que llenar el tiempo con alguna actividad. Y claro que hay gente que está trabajando, estudiando, haciendo ejercicio o cocinando PERO no vamos a pretender que no vimos La Casa de Papel, La Casa de las Flores, Dead To Me o Tiger King en un día.

Estemos conscientes o no, ver tantas películas y series en medio de la cuarentena y a lo largo de nuestras vidas influye mucho en lo que pensamos y en cómo nos relacionamos con el mundo. Entonces si pensamos en todas las películas que perpetúan ideas discriminatorias, misóginas, homofóbicas o clasistas no es sorpresa el mundo en que vivimos.

En 1975, Laura Mulvey, una académica inglesa especializada en cine publicó un ensayo que se volvería la base para analizar el cine con una perspectiva feminista. En Visual Pleasure and Narrative Cinema, Mulvey habla de cómo el mundo en el que vivimos, uno en donde hay un desbalance sexual, se ve reflejado en las películas.

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Históricamente, el placer de observar ha sido dividido en activo para el hombre y pasivo para la mujer. Mientras el hombre es el observador, la mujer es la imagen.  La asimetría del poder con base en género es una fuerza que controla el cine y ha sido construida por y para el placer del espectador masculino, con base en ideologías y discursos patriarcales. Es así como los proyectos con esta mirada masculina o male gaze, como se le conoce popularmente al concepto, proyectan fantasías de los hombres en las mujeres en pantalla y por ende sus personajes tienen un fuerte impacto visual, principalmente erótico. Esto resulta en que, independientemente de nuestro género, estemos forzados a ver las películas y sus personajes desde el punto de vista de un hombre heterosexual.

Ejemplos van desde las pin-up girls hasta las strippers. Ellas representan todo lo que el hombre desea. Y si nos enfocamos ya no solo en el tipo de personajes sino también en la manera en que la cámara se vuelve cómplice del male gaze, podemos darnos cuenta de todos los primeros y medios planos de mujeres vistas por encima del hombro de un hombre, las tomas que “panean” el cuerpo de una mujer o se detienen en un elemento en específico del mismo o las escenas en donde lo único que ocurre en pantalla es que el hombre observando activamente a una mujer pasiva.

Hablando en términos generales, las películas combinan elementos de espectáculo para llamar la atención y narrativa, para avanzar la historia. Si no hicieran una combinación de ambas, nadie las vería, no serían entretenidas. Mulvey se da cuenta que la presencia de las mujeres es un elemento de espectáculo indispensable en la narrativa típica de las películas, pero que su presencia visual tiende a no aportar nada al desarrollo de la historia. En su lugar, las acciones de las mujeres tienden a servir para detener el tiempo y transformarlo en contemplación erótica.

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Budd Boetticher, un director de cine de películas Westerns en los años 50, decía que en realidad lo que interesa de la “mujer protagonista o heroína” es lo que provoca. Ella es la que inspira amor, miedo o preocupación en el héroe de la historia. Ella es la causante de las acciones de él. Es así como la mujer no tiene importancia propia. Lo único que hace o dice es en función del hombre.

Y lo vemos super claro en el trope de la manic pixie dream girl, en donde la protagonista mujer solamente sirve para abrirle los ojos al protagonista masculino y hacerle ver que no está viviendo la vida al máximo. Pero lo que no vemos es la historia de ella, cuáles son sus preocupaciones, sueños, amistades, contexto. Aquí una lista de todas las veces que se utilizó este trope: https://bit.ly/2X4G0ky

Tradicionalmente, la mujer en pantalla ha funcionado en dos niveles: como objeto erótico para los personajes en pantalla y como objeto erótico para el espectador en la sala de cine. El hombre controla la fantasía de la película y también emerge como el representante del poder en un sentido mayor. Esto se logra porque se estructura a las películas o series de manera que giran en torno a una sola figura controladora con la cual el espectador se puede identificar.

En pleno 2020 aún vemos ejemplos de la estructura patriarcal no solamente en películas o series sino también en publicidad o nuestras vidas diarias. La principal razón para todo esto es que las grandes casas productoras son dominadas por hombres, haciendo así que el cine sea una industria principalmente liderada por ellos.

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Estos ejecutivos piensan que las mismas fórmulas que han sido exitosas en el pasado lo siguen siendo el día de hoy, pero esto no siempre es el caso. Le están dando a la audiencia lo que una proporción de los hombres quieren, y al resto de la sociedad nos dan lo mismo a lo que ya estamos acostumbrados. Películas como Wolf of Wall Street, The Fifth Element, Transformers, What Women Want, Knocked Up, Passengers o básicamente cualquier comedia a la Adam Sandler sirven como ejemplos claros de la objetivación de mujeres con sus encuadres, paneos, diseño de vestuario y casting funcionando con el solo propósito de sexualizar a las mujeres frente a la cámara.

Pero películas como todas las que vimos de niños como las de las princesas de Disney también caen en este tipo de narrativas. Desde cómo están diseñadas podemos observar que todas caen en el mismo molde: extremadamente delgadas, la mayoría de las veces portadoras de cualidades vistas tradicionalmente como “femeninas” y además principalmente blancas. De igual manera, si analizamos la historia de dichas películas podemos darnos cuenta que las princesas solamente son felices hasta que enamoran del príncipe. Esto puede sugerir a la audiencia principal de las películas de Disney que las niñas solamente serán felices una vez que se enamoren, reforzando así la idea de que los hombres tienen la respuesta y son la raíz de la felicidad de las mujeres.

En general esta super claro que la teoría de Mulvey puede ser aplicada a la mayoría de las películas, desde las más obvias hasta las que nunca pasaron por nuestra mente. Su teoría nos ha ayudado a abrir los ojos a una industria de cine repetitiva y arcaica y ha dado la oportunidad a películas y series que cuentan con mujeres fuertes y en posiciones de poder sin contar necesariamente con un hombre a su lado. Mujeres que no solamente son definidas como un estereotipo, sino que son personajes completos, con virtudes y fallas, anhelos, sueños y personalidad propia. Mujeres como las protagonistas de Big Little Lies, Booksmart, Little Women, Lady Bird, Sex Education, Desenfrenadas, How To Get Away With Murder, Bridesmaids y muchas otras más.

Es claro que la industria ha ido evolucionando, y en los últimos años hemos sido testigos de un cambio en la manera en que se presentan las mujeres y sus historias. Movimientos feministas como TimesUp y MeToo han logrado empezar a cambiar una industria que parecía imposible de cambiar.  Lo importante aquí es recordar no encasillar a los personajes en estereotipos y objetivizarlos.  Todos podemos jugar una variedad inmensa de roles versátiles, de manera que los ojos de la sociedad no tengan que ver a través del filtro de la mirada masculina heterosexual.

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