NOISE MAGAZINE

¿Son los movimientos sociales la nueva estrategia de la moda?

Por Alina Tijerina

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2020 ha sido el año del auge de la reacción de la sociedad ante los movimientos sociales que llevan siglos existiendo entre nosotrxs. La 4º ola del feminismo, Black Lives Matter y Pride han estado presentes durante la mayoría de nuestras vidas, sin embargo, este año los grupos de gente que apoyan y forman parte de dichos movimientos han llegado a su límite de injusticias. Las redes sociales, por más que muchas veces son malignas, han abierto una puerta de oportunidad para exponer sucesos terribles llenos de crímenes de odio, racismo e intolerancia que llevaron a las revueltas sociales que han logrado derribar imperios dentro de diversas industrias. Entre ellas, la moda no ha sido la excepción. Inclusive, ha sido de las más criticadas por la hipocresía que ha presentado a través de su existencia. 

Refinery29 — Bijou Karman

Los pasados meses de mayo y junio fueron determinantes para muchas marcas dentro de la industria de moda que han ocasionado muchísima conversación. Con el asesinato de George Floyd en Minnesota el pasado 25 de mayo las redes sociales se inundaron de la comunidad Afroamericana y sus aliadxs demandando que lxs responsables fueran castigadxs. Ahora, no solo se referían a lxs policías que fueron responsables de la muerte de Floyd, sino a todo el sistema que se ha encargado de oprimir su existencia con actos de extrema violencia. De nuevo, la moda no estuvo absuelta de esto. Durante los principios de junio, las marcas comenzaron a publicar su apoyo hacia la comunidad Afroamericana dictando que sus voces sí deberían ser alzadas, que las injusticias deberían terminar y que, sobre todo, su equipo de trabajo no toleraba ni un tipo de discriminación. Esta última parte es la que hizo que todo explotara. Ex-empleadxs de las marcas que se unieron a las publicaciones de BLM comenzaron a exponrlos a través de toda red social a su alcance por la falsedad de sus afirmaciones. Ellxs consideraban un chiste que los equipos y líderes de las marcas mostraran apoyo ya que durante el tiempo en el que ellxs trabajaron dentro de dichas empresas, el racismo que recibieron era diario.

En un momento de tanta sensibilidad hacia el tema de Black Lives Matter, las marcas de moda erróneamente tomaron provecho para generar publicidad que ayudaría a crear más lealtad por parte de la comunidad Afroamericana y, por ende, más ventas. Aquí es donde viene el problema y no solo dentro de BLM, sino de todos los movimientos que luchan por un cambio social: el hecho de pensar que poner un solo post en Instagram “apoyando” a la gente después de un suceso así, o en su mes correspondiente como lo es Pride, tendrá feliz a la comunidad que dicen apoyar, es el ejemplo perfecto de la falta de respeto que esa marca siente ante ellos.

Donde hay respeto, hay representación; y esa misma se exige desde la raíz, creando así una base sana y justa para el crecimiento de la marca hasta el punto que, cuando un consumidor se considere fiel, éstx se encuentre tranquilx de que no encontrará información tiempo después de que algo en la cadena de producción es lo opuesto a lo que promueven. Es decir, no se puede esperar que feministas apoyen al 100% una marca que vende camisetas con la cita “The Future is Female” mientras éstas se producen en la India por niñas que son explotadas en condiciones horrendas. No se puede hacer una campaña de “Love is Love” cuando se sabe abiertamente que el CEO de esa compañía es homofóbicx. Una marca regia nunca debería editar a sus modelos de tez blanca para hacerlas más oscuras de forma de “apoyo” al BLM, sobre todo porque sabemos que la discriminación social en Monterrey es fuertísima (no seamos hipócritas de más por favor). Y mucho menos se puede ser una editorial que se esmera en dar el mensaje de inclusión y pagarle menos a sus empleados Latinxs y Afroamericanxs. 

Who Wins When Fashion Gets Political? | GQ

El consumidor moderno es intolerante. Esto quiere decir que reclamará cualquier actitud que se opone a lo que se refleja de manera superficial. Y la mala noticia para las marcas es que esto no va a terminar pronto, ni será una fase por la que los “jóvenes” están pasando. Digamos que es la nueva normalidad, el castigar al que se porta mal. A comparación de años de impunidad, es entendible que las marcas estén sorprendidas y sacadas de su zona de confort. Un estudio que analiza al consumidor sacado por Business of Fashion llamado “The State of Fashion 2020” menciona que casi dos tercios de los consumidores se identifican como “‘compradores motivados por la creencia” que elegirán, cambiarán, evitarán o boicotearán a una marca basada en su posición sobre los problemas sociales” (Alleyne, 2020). Es por esto es momento de que las marcas actúen encontrando soluciones que sacudan todo el sistema con el cual fueron creadas para poder entender a fondo qué está mal. Les doy la primera: se debe escuchar a la gente que quieren convertir en consumidores. Si ellxs están abiertamente hablando sobre qué tanta representación hace falta, deben cambiar sus modelos en sus campañas. Si lxs empleadxs están quejándose de que no se les paga igual a los hombres y mujeres, se consigue un asesor de género y se crea un ambiente de igualdad. Pero sobre todo, si es una marca que simplemente no tiene fundamentos honestos y buenos, no debe hacer el mínimo esfuerzo de crear una publicación en stories porque eso solo hundirá la empresa. Dentro de un mundo que solo juega a las escondidas, lo que queremos ver en una marca es transparencia. Es así de sencillo. Así como verbo mata carita, acciones basadas en la inclusión matan campañas publicitarias. 

Al final del día, sé que es muy complicado que una marca cambie totalmente su forma de existir y que, sobre todo, los líderes de las empresas cambien sus actitudes discriminatorias. Es por esto que es tremendamente importante para nosotrxs consumir marcas pequeñas y locales que podamos conocer a fondo su canal de producción y las personas detrás de las ideas. No digo que consumir algo extranjero no debe hacerse, pero las marcas pequeñas abren puerta a que la transparencia sea más sencilla y que, nosotrxs como consumidorxs, podamos pedir que nos escuchen de manera más fácil. Una vez que ya se nos escuchó, no nos van a poder callar así que mientras más ruido hagamos, más cambios veremos.

Fuentes

Alleyne, A. (2020), “The fashion industry says it stands against racism. Critics aren’t buying it”, CNN Style. Recuperado el 5 de julio de 2020 de: https://edition.cnn.com/style/article/fashion-industry-black-lives-matter/index.html 

Instagram: @Alinatijerina

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