NOISE MAGAZINE

¿Impostoras o protagonistas?

Por Cinthya Roura

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Desde Octubre del 2018 estoy leyendo El País de las Mujeres de Gioconda Belli, lo compré en un viaje de fin de semana a CDMX. Estoy consciente que llevar casi dos años “leyendo” una novela es evidencia de mí lentitud al leer (que no es el caso), mi falta de compromiso o algo por el estilo. Y si bien en un principio las excusas eran relacionadas a la universidad, ahora que llevo casi ocho meses de graduada y casi cinco en cuarentena, creo que en realidad lo que sucede es que no me quiero despedir de este libro, sus personajes y el mundo que habitan.

Aquí el prefacio de la novela:

“En las elecciones de Faguas - país imaginario que aparece en las novelas de Gioconda Belli - ha triunfado el PIE (Partido de la Izquierda Erótica). Sus atrevidas integrantes tienen un propósito inclaudicable: cambiar el rumbo de su país, limpiarlo como si se tratara de una casa descuidada, barrerlo hasta sacarle brillo. Pero nada de esto resulta fácil para la presidenta Viviana Sansón y sus ministras, sometidas a constantes ataques por parte de sus enemigos.”

En uno de los capítulos del libro, Viviana narra cómo al inicio de su mandato como presidenta, su gabinete era conformado por hombres y mujeres. Pero había un problema: ellos se sentían con todo el derecho de desechar las ideas de ellas apenas salían de sus bocas. Es así como Viviana decide que, por seis meses, el país será dirigido solamente por mujeres: “…¿no pensás que las mujeres necesitamos esa experiencia? Los hombres la han tenido. Han dirigido solos el mundo de los negocios, la política. Han probado de lo que son capaces por sí mismos. Nosotras siempre hemos estado a su sombra o a su lado.”

Así como en Faguas, no es novedad que en el mundo real a las mujeres siempre nos tratan de hacer a un lado, tratan de “ponernos en nuestro lugar” y con lugar se refieren a la casa cocinando, limpiando y/o teniendo hijos. Aparentemente que las mujeres tengamos poder de decisión sobre nuestras vidas y cuerpos resulta aterrador para muchas personas.

Haber estado en la sombra de los hombres por años y siglos resultó en que evidentemente, a ellos no se les cuestione estar en posiciones de poder. Al final del día era lo usual, si históricamente los hombres han sido presidentes, CEOs o empresarios exitosos ¿quién se atrevería a cuestionar si en realidad son buenos en lo que hacen? Pero si vemos el otro lado de la historia, cuando nosotras aspiramos a la presidencia, a ser emprendedores, directoras o empresarias tendemos a ser sujetas a miradas de incredulidad de las personas que nos rodean. ¿Cuántas veces no hemos escuchado “Pues quien sabe con quién se acostó para que le dieran ese puesto.”? Y si somos testigos u objeto de palabras o miradas cargadas de misoginia, requiere un esfuerzo constante que no nos lleguen a afectar o al menos no tanto como podrían.

Es por esto que me atrevería a decir que un efecto secundario de la inclusión de las mujeres en la fuerza laboral fue el desarrollo de este tan sonado síndrome del impostor. Sé que el síndrome del impostor en teoría no afecta solamente a mujeres, pero no vamos a pretender que a nosotras no es a las que se nos cuestiona la mayoría del tiempo sobre lo que hacemos o no hacemos.

En resumen, el síndrome del impostor sucede cuando nos sentimos inadecuadas para alguna tarea o carecemos de confianza en nuestras habilidades. Muchas veces lo vemos cuando no aceptamos nuestros logros porque creemos no merecer los elogios, premios o reconocimientos.

¿Y qué ilógico no? Pasamos días siendo vocales sobre la capacidad que tenemos para desarrollarnos en la esfera pública solamente para cuestionar nuestra valía en la privacidad de nuestras casas. Es cuando estamos finalmente solas al final de un día lleno de actividades y convivencia que, muchas veces, empezamos a dudar sobre la calidad de nuestro trabajo.

Mucho de esto comienza cuando estamos chicas, y esto viene de una recién graduada que pasó su vida estudiantil siendo algo así como la Hermione Granger de su salón de clases: no puede dejar de pasar una oportunidad para participar, contestar las preguntas o ser la primera en terminar los exámenes.

En 1996, Susan Golombok y Robyn Fivush realizaron una investigación sobre el género y su desarrollo en distintas etapas de la infancia/adolescencia. Una de las observaciones que ellas hacen es que los profesores, en los salones de clases, tienden a esperar respuestas correctas de las niñas e incorrectas de los niños al participar. Es así como cuando ellas se equivocan reciben críticas más duras que la contra parte.

Entonces imagínense, crecemos en un mundo que nos dice que no hay lugar para nosotras en puestos de poder y además nos exige ser más y mejores que los hombres porque si cometemos algún error automáticamente es asociado a nuestra condición de mujeres. Como bien lo dijo Simone de Beauvoir en el Segundo Sexo, si queremos definirnos siempre tenemos que decir en primer lugar que somos mujeres, y esta verdad extraerá todas las demás afirmaciones. Y como sabemos, en un mundo patriarcal usualmente estas afirmaciones no tendrán un tono positivo, basta con leer a Aristóteles y encontrar que “la mujer es mujer en virtud de cierta falta de cualidades.”

La voz del patriarcado nos dice que no podemos descansar, que no podemos parar. Que si paramos no estamos valorando lo suficiente el lugar al que llegamos, que si nos dedicamos a nuestra carrera entonces somos malas madres, hijas, hermanas, esposas, sobrinas, tías o novias o mi favorita, que si alzamos nuestra voz sobre las injusticias que vivimos somos revoltosas.

No propongo que hagamos que los hombres se queden en las casas por seis meses mientras nosotras salimos a trabajar y dirigir el país, pero si creo que hay que empezar a creérnosla. Tenemos que darnos cuenta de nuestro increíble potencial y el cambio que podemos generar si nos lo proponemos. Alguna vez sonaba loco que las mujeres votaran, salieran a trabajar o que fueran dueñas de propiedad y el día de hoy es algo que damos por hecho. Así como ello, estoy segura de que algún día las mujeres seremos parte de todas las conversaciones y tendremos un asiento en cada una de las mesas que determinen el rumbo de nuestros países.

patriarchy gif | Tumblr

Instagram:@cinthya.roura

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