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Bazares en Instagram: La perfecta alternativa de consumo durante cuarentena

Por Alina Tijerina

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Como toda conversación que comienza prácticamente siempre con el tema del Covid-19, mis razonamientos en cuanto a la moda se manejan de la misma manera. En el momento en que algo de moda se presenta en el feed de mis redes sociales, todo lleva a la misma duda: ¿será esto diferente debido al tiempo que estamos viviendo? Y así como llega esa pregunta a mi cabeza, la respuesta llega con la misma rapidez. Muchos de los cambios de comportamiento actuales en cuanto a moda se deben a la pandemia que lleva presente 9 meses de nuestras vidas. Claro está que la sociedad y todo lo que la rodea, fluye con los que vivimos día con día, por más extremos que sean; y el 2020 no ha sido nada más que eso, extremo. Pero cuando de moda se trata, lo extremo no es sorpresa.

Durante dichos 9 meses de confinamiento es imposible no cuestionarse la existencia de uno y cómo ésta afecta al mundo en el que vivimos. ¿Estoy haciendo un buen trabajo? ¿Debería dejar a mi pareja para aprender a estar solo? ¿Por qué es que compro mucha ropa pero siempre termino sintiéndome peor? Esta última fue una muy dura para mí ya que yo era fiel creyente en el retail therapy como algo que me hiciera sentir mejor, sin embargo, después de estar tan abierta a la realidad de la industria de la moda y su producción, ese sentimiento de satisfacción al comprar ropa nueva se desvaneció. El ir a la tienda y ver cómo las tendencias de moda tomaban vida era algo que me daba mucha paz, y no se diga llevarme algunas de esas prendas para divertirme con la tendencia a mí manera. Pero una vez cerradas las tiendas, ese pequeño momento de disfrutar la moda se perdió. Ahora solo son compras en línea en tiendas de fast fashion sabiendo que el daño es mayor que el bien. No era lo mismo que llegar a la tienda, ver a la gente disfrutando de la ropa y analizar comportamientos del consumidor para luego escribir sobre ellos aquí. Esa experiencia se vio obviamente limitada por la pandemia ya que lo físico se volvió prohibido y, por ende, dirigido a todo lo que está en línea. Así que como el fast fashion perdió lo único que me interesaba, que era la experiencia presencial, mi vista, y cartera, se dirigieron a otro lugar.

Ganni Crucero 2021 - Pasarela | Vogue España

Los bazares en Instagram comenzaron a surgir con mucho fervor gracias al Covid-19. Claro está que existían desde antes, pero es a través del confinamiento mandatorio que la gente se vio forzada a tener encuentros sociales a través de las redes únicamente; eso no excluía a las compras. Más allá de meterte a una página web y consumir ropa, lo que la gente buscaba era una experiencia de compra como la que nos daban las tiendas. Ese sentir de algo especial, que no sea el momento en el que te llega un paquete, y es gracias a los bazares que lo volvemos a presenciar. 

Para aquellos que aún no han comprado en algún bazar de ropa vintage o second hand a través de Instagram se los platico aquí: el proceso consiste en esperar la actualización que dará la cuenta con las prendas que tengan listas para la venta, bloquearán los comentarios hasta cierta hora del día y, posteriormente, comienza la competencia para ver quién se queda con la prenda. El primero en responder “yo”, o la instrucción que dicte la cuenta, se le hablará por mensaje directo para ver si se asegura la venta y se hace el depósito. Una vez hecho esto, la prenda se anuncia como vendida en el post y se le envía al cliente. Es muy chistoso cómo dentro de la experiencia de compra de los bazares también existen muchas frustraciones y adrenalina como cliente, tal como en la versión presencial. Por ejemplo, uno de los problemas que yo veía como clienta potencial era que me molestaba mucho el esperar a cierta hora del día para estar pegada al celular y así ser rápida al comentar cuál prenda deseaba. Sin embargo, después de platicar con varias dueñas de bazares las cuales me ayudaron a ver que el detrás de cámaras, era más complicado de lo que parecía. Para ellas era necesario la estrategia del comentario porque les podía aparecer la hora exacta en la que la persona comentó; pero a la vez, muchas de esas personas no completan la venta. Es algo complicada la logística de un bazaar por Instagram ya que todo es comunicación uno a uno, no hay un apoyo de Shopify, por ejemplo, que al configurar todo, las ventas son más sencillas. Si no fuera por la intervención de la aplicación, se podría decir que es una experiencia de compra muy artesanal y antigua ya que es del vendedor con el cliente directo. 

Siendo esto algo relativamente nuevo, algo que creció en el encierro, el avance de dichos bazares es impresionante, pero definitivamente podría mejorar. Existen uno que otro parteaguas en el proceso que podrían enseñar a los demás a mejorar la experiencia para el cliente, pero a la vez para ellos. Y más allá de ser algo distinto y especial la comunicación con el dueño del bazar, la compra que se hace es responsable. El medio ambiente agradece cada vez que se decide comprar algo previamente usado a algo no producido en masa. Es justo eso lo que hace completa la experiencia, lo que cierra el ciclo del consumo que sí termina haciéndote sentir mejor. Porque al final del día es un ganar para todos: el planeta, el dueño del bazar y el cliente, en especial su cartera. Tal vez el retail therapy sí es algo -en moderada medida- bueno, solo que ahora podríamos cambiarle el nombre a bazaar therapy. 

The Clipper | Your Guide to Thrifting

Instagram: @Alinatijerina

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