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Calladitas no nos vemos más bonitas

Por Alina Tijerina

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Calladita te ves más bonita, escuché a un señor decirle a su hija en el supermercado y la niña, haciendo caso a lo que le comentaba su padre, calló su berrinche de inmediato. Una frase que yo había escuchado durante 25 años me hizo ruido apenas ahorita, a principios del tan esperado 2021. Fue como un golpe de flashbacks al 2020 en el que las mujeres no se quedaron calladas ni un solo segundo y todo lo que floreció gracias a ello. Leyes nuevas como la es la Ley Ingrid y la Ley Olimpia las cuales se consiguieron gracias a los gritos de nuestras hermanas para defender a las que ya no están, las que nos quitaron, a las que quisieron humillar a través de los medios digitales. Todas las que marchamos el 8 de marzo, y nos desaparecimos el 9, somos mujeres que decidieron deshacer su educación machista para no callarse más y defender nuestro derecho a vivir libre de violencia. Con estos flashbacks de los avances en la lucha feminista que vimos en el 2020 me vino a la cabeza cómo es que realmente calladitas nos vemos como amenaza para el patriarcado por los grandes cambios que somos capaces de lograr. Pero es esta misma frase en la que se encuentran los elementos opresivos de parte del patriarcado a la mujer a través de la comunicación, la base del por qué es que la mujer tiene tantos obstáculos al alzar su voz en esta sociedad. 

El ABC de la Ley Olimpia para castigar a quienes difundan imágenes sexuales  sin consentimiento - Infobae

Algo tan sencillo como una frase común en la lengua española puede presentar paradigmas impresionantes que dirigirán la forma de vivir de las mujeres por el resto de sus vidas. Son momentos como los que vivió la pequeña en el supermercado los cuales marcan nuestras vidas para habituarnos a callar. Podrá sonar algo bobo, pero me entra la duda: ¿qué tiene que ver la belleza con hablar o gritar? No creo realmente que se genere mucho cambio físico por consecuencia de lo que sale de nuestras bocas, pero entiendo lo que intentaban hacer. La belleza es algo que está incrustado en la sociedad como una prioridad o una meta que alcanzar. Con el simple hecho de ver los estándares de lo que es bonito, y lo que no, bien marcados en todos los medios digitales y análogos que nos recuerdan día con día que hay que perder más peso o hay que invertir en operaciones para que, al final del día, sigamos sintiéndonos insuficientes. Tan vendida está la idea de que la belleza solo es una y hay que alcanzarla siempre que creemos, realmente, que tenemos que modificar nuestra forma de ser, pensar y actuar para apelar a esa visión idealizada. Es decir, hay que quedarnos calladas y sumisas para ser verdaderamente bonitas. Es una estupidez si me preguntan, pero una realidad que se vive en el país y que, probablemente, hemos presenciado la mayoría de las mujeres desde la infancia. 

A las niñas se les pide que sean tranquilas, que no se ensucien en el lodo, que no sean tan curiosas como los niños sí tienen permitido serlo, que no se defiendan ante molestias que se pudieran presentar y que no levanten la voz. Todo lo mencionado anteriormente viene acompañado de la idea de que, si cumplimos con ello, alguien algún día nos amará. Tal vez nos sea complicado recordar exactamente las lecciones que nuestros familiares nos dieron de pequeños, pero la repetición de ellas es clave para que inconscientemente nuestra cabeza nos dirija hacia el camino “correcto”. Se los explico con una película horrible que vi hace unos cuantos años; ésta trató de un secuestro de una niña en Suiza que terminó durando 18 años encerrada en el baño de visitas del pervertido que se la llevó. Para no hacerles el cuento largo, el hombre había hecho un sistema de comunicación por el cual él le podía hablar y darle órdenes. Fue a través de este mismo que, el día uno de su secuestro, el señor le repetía durante horas la frase “obedecerás o te haré daño”. Tanta fue la repetición de dicha frase, que cuando la niña tuvo oportunidad de escapar en una tienda departamental, su cuerpo le impidió hacerlo. Comenzó a sudar del nervio y recordó lo que escuchaba a diario que fungió como la forma perfecta de controlarla y evitar que se escapara. El hombre ya era capaz de llevarla a lugares públicos pero le tenía tan lavado el cerebro que ella no hacía nada para salvarse. Imagínense que nuestro caso es muchísimo menos extremo, pero muy parecido. Tan metida tenemos la idea en la cabeza de que es mejor vista una mujer callada que una alborotada, que toman años de deconstrucción para realmente expresar lo que sentimos. 

Libby VanderPloeg, feminismo en GIFs

No digo que todas somos sumisas o que todas crecimos igual, pero la sociedad mexicana sí tiene la tendencia de preferir mujeres que no se defiendan y que no terminen siendo “feminazis”. Son justo términos como esos los que hacen hincapié en que las mujeres feministas las cuales defienden sus derechos son comparadas con los autores del Holocausto. No me van a decir que esto no es una exageración por parte de la sociedad machista que tiene pavor a que una mujer se exprese. 

El 2020 pudo haber sido un año muy duro y oscuro, pero si algo bueno dejó es todos los cambios que la lucha feminista logró. Fue este año recién terminado el que nos demostró que calladitas no nos vemos más bonitas, solo no nos vemos. Tengo mucha fe en que las mujeres por fin nos permitimos usar la voz que siempre hemos tenido para exigir lo que nos pertenece, para defendernos de los abusadores y para honrar a aquellas que se les obligó a callar. Hagamos de este 2021 uno en el que no nos dejemos callar.  

Instagram: @Alinatijerina

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