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Feminismo y vestuario

Por Stéfany Bolívar

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Un recorrido histórico de la pertenencia de la moda al género femenino. Libertades y opresiones del vestuario en el cuerpo femenino.

La moda se ha inclinado a lo largo de la historia por pertenecer a la mujer, tan solo abrir una revista o un libro de moda y pasar de páginas para comprobarlo. Los grandes diseñadores del siglo XX han creado los imaginarios y las transformaciones del vestuario entorno al cuerpo femenino. 

Elizabeth Wilson en su libro Adorned in Dreams, Fashion and Modernity, dice que “la moda está obsesionada con el género, define una y otra vez las fronteras del género”. Es el vestuario en el cuerpo el que anuncia el sexo de la persona ante la sociedad y como dice Annie Woodhouse “pensamos que vemos su género, pero vemos es el aspecto de su género”. A través del vestuario se confirma el género.

¿De dónde surge la idea de que ciertas prendas denoten lo femenino o masculino? para responder a ello debemos de identificar a la moda como elemento de la mujer.  Joanne Entwistle citando a John Carl Flügel menciona que los hombres al igual que las mujeres antes de la Revolución Francesa portaban ornamentos excesivos. Para Flügel la disminución o uniformidad del vestuario masculino se dio por la solidaridad al nuevo orden político y social de la época.

Todo ello significó que las mujeres seguirían con el legado de la ornamentación y debían de mostrar su posición económica a través del vestuario. La prenda clave que se remonta a la época victoriana y que actualmente se distingue para algunos como símbolo de represión, para otro símbolo sexual, es el corsé.

Moda y feminismo: un breve repaso histórico - Crapsforyou | Vestires y Moda  en Perú

Alison Lurie en su libro, el lenguaje de la moda, describe el daño a la salud que hacía el corsé en las mujeres de la época victoriana, como asfixia, deformación de órganos, y cansancio por el esfuerzo excesivo al cargar hasta quince kilos de ropa. También, afirma que su uso se debió al pensar que era médicamente necesario y moralmente respetable.

Sin embargo, Valerie Steele, en su libro Fashion Theory, se refiere a que resulta relativamente sencillo criticar el uso del corsé, con su carga de censura y represión. Estos elementos se pueden relacionar, a la preferencia actual de las mujeres por los zapatos stilettos, por el placer de verse sexualmente atractivas.

A pesar de que médicos y feministas explicaron lógicamente los daños que hacía el corsé, las mujeres se negaban a dejarlo. Como dice Steele, “La reificación de ‘la moda’ como potencia mágica bajo cuyo efecto las mujeres actúan en contra de sus mejores intereses, escapa al razonamiento lógico”.

El corsé dejó de ser un elemento de lujo y prestigio, para ser algo reclamado como derecho por las mujeres de clase media y baja. Llegó a su fin con Paul Poiret quien estuvo en el tiempo exacto y dio la prenda que encajaba. Poiret diseñó el vestido ‘La Vage’, un vestido que liberaba el abdomen, su nueva silueta no se basó en la libertad de las mujeres, sino por capricho y razones estéticas. Charlote Seeling alude que Poiret decía entre risas: “he liberado sus torsos, pero les he atado las piernas”. Luego no se le hizo en gracia cuando nadie quería su falda trabada.

Conocer la forma en que vivían las mujeres pasadas nos da a entender “sobre el tipo de vidas y los grados de libertades que pueden tener las mujeres”, afirma Vanessa Rosales en su libro Mujeres Vestidas. Por su parte Joanne Entwistle en El cuerpo y la moda menciona que “los cambios en el vestuario fueron el resultado de un millar de avances sociales, económicos, políticos y culturales, así como de la incesante búsqueda de la novedad por parte de la moda”.

Esta búsqueda definió el vestuario de la mujer actual y surgieron diseñadores como Coco Chanel, quien impulsó la moda informal pero elegante, sus diseños estaban pensados para dar libertad en el movimiento de la mujer. Por su parte, Cristóbal Balenciaga, otorgó una silueta amplia a las mujeres, esto para el hombre era poco seductor, al no quedar la prenda ceñida al cuerpo, sin embargo, esto no importó y se portaba con orgullo en las calles.

Para Wilson, “La moda es el reflejo de nuestros comportamientos sociales y culturales. Se adhiere a las épocas y luego las expone en metáforas”. La rebeldía de la juventud marcada en los sesenta y setenta daría la segunda ola de movimientos feministas, muchas de ellas se apoyaron en prendas de vestuario que retaban los estándares culturales del “buen vestir”. Esas prendas fueron la minifalda y la normalización del pantalón.

Las mujeres que participaban en las marchas hacían uso de las minifaldas, prenda que fue creada por Mary Quant, sin embargo, un grupo de feministas radicales empezaron a fiscalizar, como lo describe Wilson, “las posiciones hostiles dentro del feminismo tienen que ver con una crítica a la moda que ha generado estereotipos relacionados con la belleza y ha construido el cuerpo femenino como objeto sexual”. Elizabeth Wilson responde a estas feministas diciendo, “la tesis dice que la moda es opresiva; la antítesis, que nos da placer”.

El placer es por lo que usamos la moda. Chimamanda Ngozi, en una entrevista con el diario, El Tiempo, cuando visitó Cartagena, respondió, “hay tópicos, frases de cajón, pensamientos anquilosados que dicen que si usas zapatos de tacón, si usas labial, ya no eres intelectual. Yo defiendo a las mujeres que usan tacón y me encanta verlas y saber que se sienten felices de lucirlos”.

Para Wilson, “la moda es ambivalente, ya que cuando vestimos usamos inscritos en nuestros cuerpos la relación a menudo oscura del arte, la psicología personal y el orden social. Como decía Coco Chanel, “la moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con las ideas con nuestro modo de vida, con lo que está pasando” es decir, la moda se muestra en las protestas femeninas, en los nuevos comportamientos y actividades, la moda acompaña la mujer.

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Aún existen discusiones sobre la represión que puede ejercer el uso de los tacones en las mujeres, sin embargo, ello no define la ideología feminista. La moda muestra el orden social, las tendencias de los últimos años marcan un estilo sportychic o athleisure que confirman la comodidad y la confortabilidad en la que las mujeres quieren marchar.

La moda está inscrita en el contexto cultural, la moda ejerce en el ámbito político, histórico y social. Los movimientos feministas hacen parte de ese cambio, y ello se expresa en el vestuario. La moda ha sido para la mujer desde un elemento represivo, pero a su vez, mediante el vestuario el proclamador de su libertad.

Referencias

  • Lurie, A., (1994)., El lenguaje de la moda: Una interpretación de las formas de vestir, Barcelona, España: Editorial Paidos.
  • Steele, V., (2017)., Fashion Theory. Hacia una teoría cultural de la moda, traducción de Lilia Mosconi, Ampersand;  Colección dirigida por Marcelo Marino, Buenos Aires, Argentina: Editorial Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Amperstand.
  • Entwistle, J., (2002) El cuerpo y la moda: Una visión sociológica, Barcelona: Paidós.
  • Seeling, C., (2014). Moda: 150 años, modistos, diseñadores y marcas, Traducción del alemán: Karmen Louzao Martínez. Barcelona, España: H.fullmann.
  • Rosales, V., (2017). Mujeres vestidas, Bogotá, Colombia: Editorial Planeta Colombiana S,A.
  • Wilson, E., (1985). Adorned in dreams: Fashion and modernity. (First published: Virago Press LTD) Reprinted in 2010: Tauris& Co Ltd. London, Inglaterra.
  • Neira, A. (5 de febrero de 2019). ‘Soy feminista y defiendo a las que usan tacones’: Chimamanda Ngozi. El Tiempo. Recuperado de: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/chimamanda-ngozi-adichie-en-entrevista-con-el-tiempo-323422

Instagram: @Stefanybolivarg

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