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¿La pandemia terminó con los influencers?

Por Gabriela Nava

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No sigo influencers. Desde hace mucho tiempo me di cuenta de que su perfección no cabía en mi irregular vida. Me dolía verlos, compararme y pensar que podría vivir 7 veces y en ninguna de ellas acercarme a lo que me mostraban en redes. Por otro lado me sorprendían sus lentes rosas que endulzan toda realidad, parece que viven tan cerca de Dios en un mundo sin dolor, angustia, ni pena. 

¿Cómo es que iba a cambiar eso? La acción que para algunos puede llegar a ser hasta inmadura pero que a mi me resultó de lo más sano, fue el recuperar el poder de mi follow. 

El follow parece algo tan insignificante, sin embargo en buena cantidad se convierte en un medio de comunicación efectivo. Es así como nacieron estas estrellas, personas que con su alto poder de convencimiento y hermosas vidas pueden mantenernos con el dedo en la pantalla y de paso lograr que dejemos nuestro dinero en alguno de los negocios que recomiendan. 

Además de recuperar el poder de mi follow comencé a tratar a los influencers como un producto, y así como hago con el fast fashion al momento de comprar,  repaso una serie de preguntas  en mi mente cada vez que me topo con un nuevo creador de contenido. 

¿Me informa?

¿Hace contenido de valor?

¿Aprendo algo nuevo con su contenido?

¿Me brinda algún beneficio?

¿Estoy ahí por el chisme?

¿Me hace sentir bien?

La mayoría de las veces me ahorra mucho tiempo y comparaciones inútiles y poco a poco me fui dando cuenta que lo que realmente me hacía seguirlos era en realidad lo aspiracional. Ellos representan lo que queremos tener en la vida y al comprar los productos que promocionan estamos  cada vez más cerca de ese mundo de fantasía.  Porque así por tan solo un instante podemos escapar a otra realidad, a esa fantasía de los endulzantes lentes de caramelo, con viajes y yates, salidas a la playa y cenas en los mejores restaurantes, fiestas de ensueño y ropa de envidia.

Sin embargo por más disociada que esta su realidad de la del resto del mundo, la tragedia los ha alcanzado. El año pasado cuando la cuarentena estaba en su cúspide y todos nos guardamos en casa, pudimos ver la otra cara de la moneda. La vida dio un giro inesperado y dentro de cuatro paredes pudimos toparnos con la cotidianidad de estas personas,  observamos con detalle dándonos cuenta que no eran muy diferentes a nosotros. Un café, una charla, videollamadas, pijamas y trabajo en casa. Sin todo eso que los hace mágicos ¿Qué queda? 

La pandemia también nos dejó ver el peor lado de estas personas, encerradas en su mundo fuimos testigos de los viajes, las fiestas “covid free”, las campañas millonarias con tiendas de lujo a mitad de una crisis económica mundial. Mientras el mundo está atorado, seguíamos viendo su vida en las nubes. 

La falta de empatía cobró venganza y poco a poco estas estrellas fueron cayendo una a una. 

¿Será entonces que la pandemia ha marcado el fin de los influencers mexicanos?

Si me lo preguntan a mí, les diré que no. Aunque podríamos decir que se encerraron y perdieron la gracia, que algunos nos dejaron ver a su verdadero yo y que a raíz de eso todo cambio y el esquema del influencer ha terminado, la verdad es sumamente diferente.

La mayoría de los influencers siguen en dónde están, sus ingresos económicos no se han visto afectados y sus campañas continúan circulando en nuestras páginas de inicio. Los influencers no se han extinguido,  lo único que ha logrado la pandemia es que nos ha hecho ser más críticos respecto a lo que consumimos en lo digital. Hay que pensar que a lo que seguimos es lo que apoyamos y damos dinero, que nuestro follow  más allá de un número tiene valor, y podemos crear una comunidad que nos aporte y nos beneficie a ambas partes o solo a uno.  

Instagram: @Gobynh

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