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Que no la veas no quiere decir que no exista: Misoginia y moda

Por Abbzzz

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La industria que constantemente es pensada como “femenina”, donde las mujeres son vistas como medio para generar capital, sorprendentemente (no tanto) sigue siendo controlada por un sistema y poder patriarcal.

¿Cómo puede ser una industria principalmente dirigida a mujeres controlada por el patriarcado?

 

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En las distintas capas de la industria resaltan machismos y micromachismos que hemos normalizado y lo más importante no nos hemos cuestionado. Comenzando por la connotación que se le da a cualquier mujer que se dedique a este campo. Un tono machista y sexista con juicio negativo, porque la moda pretende ser fácil. Pretende ser un medio de entretenimiento para cualquier mujer que decida dedicarse a ella.

En su mayoría los directores creativos son hombres, una constante establecida por la capacidad que se les adjunta a ellos por tener un sexto sentido o un mejor gusto para lo que deben, necesitan y les acomoda mejor vestir a las mujeres. Recordemos según The Business of Fashion el 85% de las personas que estudian moda son mujeres, mientras que solo el 14% de las marcas son dirigidas por mujeres.

La producción de prendas de fast fashion además de ser poco ética en muchos aspectos hace clara la desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Según Oxfam en promedio un CEO de marcas de lujo gana en cuatro días lo que una costurera en Bangladesh ganará en toda su vida y esto no solo aplica en diferencias tan amplias de puestos, las mismas fábricas pagan mejor la mano de obra del hombre que de la mujer. El libro “Dulcinea in the factory” plantea las condiciones laborales de las trabajadoras textiles en Colombia en la década de los 50 hasta los 60, cuando Medellín se convierte en una ciudad industrializada y enfocada en textiles, aquí las mujeres son objetos para la capitalización, valoradas por su vida sexual. Retomó esta idea del libro puesto que las mujeres que realizan actividades en fábricas, actualmente, siguen siendo acosadas, víctimas de abusos sexuales y juzgadas por su vida sexual.

Un sector constantemente olvidado en la moda es la base que crea la ropa, la producción de fibras. Según la FAO el algodón en América Latina, funciona como dinamizador de la economía, alrededor de 4,5 millones de mujeres son productoras agrícolas. “Las fincas de producción encabezadas por mujeres oscilan entre el 8 % y el 30 %, con menos acceso a crédito, a asistencia técnica y a capacitación en relación a los hombres” Mujeres de Algodón. Otorgar prestaciones a estas mujeres pueden ayudar a su seguridad alimentaria y a la lucha contra la pobreza alentando el desarrollo local, generando ingresos, inclusión social y económica basadas en parámetros de equidad.

Recordemos que nosotras mismas cargamos con conductas machistas, patriarcales, complejos sociales y de clase. En México y Latinoamérica también existen abusos laborales, específicamente a mujeres indígenas y sus trabajos artesanales. Regatear el trabajo de una artesana es resultado de una educación capitalista patriarcal, no valoramos el tiempo de estas mujeres, no valoramos tradiciones ni la expertiz que tienen en técnicas ancestrales, no valoramos su creatividad y por eso muchas marcas han usado como “inspiración” sus diseños sin darles el crédito ni condiciones de trabajo dignas.

Los buyers (encargados de seleccionar y comprar las colecciones para tiendas departamentales) en su mayoría son hombres, vestidos de traje, inmersos en un mundo de números y ventas, no en la necesidad actual de las mujeres.

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Otra constante son sobre las icónicas fotografías en la moda son hechas por hombres, mismos que recordemos han sido señalados en #MeToo. La imagen que nos han vendido en la moda son una sexualización constante de la mujer y estándares de belleza inexistentes, un empoderamiento basado en la lencería a comparación del sexo masculino, quiénes se ven empoderados por trajes.

La moda no se encasilla en runways y lookbooks, la moda es política, enunciación pública, hemos vivido una inercia donde los pequeños detalles como el número de hombres activos en la industria vs. el número de mujeres es insignificante. La misoginia no se encuentra solo en los hombres, es parte del cotidiano en ambos sexos, implicando a los femenino como una amenaza. La escritora Vanessa Rosales hace hincapié en cómo la misoginia busca deshumanizar a las mujeres, como esta misoginia es incomodidad que se exacerba cuando una mujer “se sale de su sitio”. Son tiempos de construcción política femenina y para ello es importante informarnos, cuestionar, señalar y actuar. Evidenciar las áreas donde podemos deconstruir y cuestionar las dinámicas que hemos heredado y adoptado como normales.

Instagram: @beebuendia

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