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El feminismo en las relaciones de pareja

Alina Tijerina

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Mi grupo de amigas siempre ha sido muy feminista; un conjunto de mujeres empoderadas que se alientan entre ellas para salir adelante cuando las cosas andan mal, y se echan porras cuando todo va bien. Pero esta semana pasada mi mejor amiga de la Baja California Sur vino a visitarme y entre una de las tantas pláticas que tuvimos, sacamos el tema de nuestras relaciones pasadas y fallidas, claro está. Era como si por primera vez, después de tantos años, nos estábamos abriendo a ser 100% honestas sobre lo que vivimos y lo que sentíamos en ese momento. Lo mismo pasó con otra amiga unos meses antes; había estado en una relación, pero nadie realmente sabíamos cómo se había sentido o cómo había terminado. Pero en ese proceso de salir de una relación mala y entender los errores de cada quien, fue que nos dimos cuenta de un patrón que todas seguimos el cual nunca pensamos pasaría en nuestro grupo. Todas, por alguna razón, permitimos acciones y actitudes por parte de nuestras respectivas parejas que, usualmente, criticamos dentro del feminismo.

Nosotras predicamos la fuerza y la valentía, pero pareciera que dentro de cada relación, nuestros ideales salieron por la ventana y sufrimos cosas que no debieron haber pasado. Claramente, no estoy diciendo que lo que le pasó a cada quien fue nuestra culpa, solo que recordando mi experiencia, y aprendiendo de las de mis amigas, me es muy curioso cómo pareciera que son personas diferentes a las que yo conozco. Con esto no puedo dejar de cuestionarme, ¿Qué cambia en nosotras que permitimos acciones que sabemos son equivocadas?

Me llenó de tristeza el conocimiento de que mis amigas habían sufrido en sus relaciones y que yo ni enterada estaba. Por un momento consideré que tal vez no las conocía tan bien como creía, pero la verdad está en que la vergüenza que ellas sentían era más grande que la confianza entre nosotras. No las puedo culpar, yo pasé por ese mismo sentimiento de culpa y pena de saber que yo estaba abriendo puerta a experiencias que ni una mujer debe tener. Pero el habernos abierto la una con la otra nos hizo darnos cuenta de que hay muchas más mujeres allá afuera que se sientan solas en esos momentos tan cruciales. El feminismo nos da la oportunidad de conocer lo que está bien y lo que está mal en la sociedad; aquello por lo que hay que levantar la voz y luchar. Pero curiosamente, cuando de nosotras se trata, la mayoría nos quedamos calladas. Es casi como cuando das un buen consejo que sabes que no sigues tú misma.

Día con día las mujeres luchamos batallas de las cuales a veces ni cuenta nos damos. Pasamos cosas por alto porque tenemos internalizado que hay que tolerar ciertas cosas dentro de una relación interpersonal, pero eso viene de una educación machista que nos enseña a callar y aguantar. Es por eso que, por más que la hayamos pasado mal por un rato, esas experiencias dentro de las relaciones nos enseñaron a mis amigas y a mí lo que no queremos en la próxima pareja. Lo consideramos un desliz dentro de nuestra deconstrucción como mujeres feministas al darnos cuenta que aún tenemos mucha misoginia internalizada y cómo superarla. Pero sobre todo, nos demuestra que, una vez más, las mujeres compartimos experiencias de vida, mismas que no hay que navegar a solas. Ahora reconocemos esa vergüenza que sentimos en nuestras relaciones pasadas como algo ajeno a nosotras para llevar ese aprendizaje a futuras relaciones, o bien, a darnos cuenta de cuando una amiga está pasando por lo mismo. Creo que las mujeres cuidamos más una de la otra de lo que a veces nos cuidamos a nosotras mismas, pero eso por esto mismo es muy importante ser lo suficientemente vulnerable para platicar sobre esos espacios en nuestras vidas en los que aún nos falta mejorar y valorarnos más.

Instagram:@alinatijerina

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