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Descentralizando la moda mexicana: Reflexiones de una norteña enamorada de la moda

Descentralizando la moda mexicana: Reflexiones de una norteña enamorada de la moda

Descentralizando la moda mexicana: Reflexiones de una norteña enamorada de la moda

Descentralizando la moda mexicana: Reflexiones de una norteña enamorada de la moda

Descentralizando la moda mexicana: Reflexiones de una norteña enamorada de la moda

Por Kassandra TorresNací y crecí en la frontera, en Reynosa, Tamaulipas para ser exactxs. Una ciudad industrial donde las maquiladoras son la fuente principal de trabajo y el petróleo es el combustible de toda una economía que ha sabido superar incluso las rachas más complejas de inseguridad y violencia. Crecer en este entorno moldeó mi visión del mundo, pero también plantó semillas de cuestionamiento desde temprana edad. Así, en contra de todo pronóstico y en medio de un terreno complicado que no invita a la creatividad, decidí estudiar moda e iniciar una carrera profesional dedicada a las industrias creativas, en ese momento no faltaron las miradas de sorpresa, las preguntas escépticas y, en muchos casos, los juicios. Primero de mis padres, luego de mi familia, y finalmente de mi círculo entero: ¿Moda? ¿En el norte?

Esa fue la primera vez que escuché esa pregunta, pero sin lugar a dudas no sería la última.

Una historia económica y una conexión perdida

El noreste de México ha sido, históricamente, una región marcada por su productividad industrial. Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León han construido sus economías alrededor de la maquila, la ganadería y, más recientemente, el desarrollo tecnológico y automotriz. Estas actividades han dado forma a ciudades que hoy parecen muy alejadas del gremio de la moda, pero que, en su momento, a través de la industria de la confección, lograron entablar una relación cercana con la moda internacional.

Tomemos como ejemplo Reynosa, Tamaulipas, mi ciudad natal, la cual durante las décadas de los 60 y 70 fue hogar de importantes fábricas dedicadas a la confección. Entre ellas Reymex Bra, una maquila que producía lencería para firmas como Vanity Fair, Victoria’s Secret y Fruit of the Loom, exportando moda al mercado internacional. Por más de 40 años, esta industria brindó empleo a cientos de familias en la frontera norte de México, incluyendo la mía, puesto que mi mamá fue su empleada durante más de 15 años. Sin embargo, como muchas otras empresas, Reymex Bra abandonó la región tras la crisis económica del 2008, cerrando sus puertas en la frontera en 2010 y trasladándose a Asia en busca de mano de obra más barata. Así, el vínculo entre la moda y la frontera noreste quedó roto, dejando a cientos de personas desempleadas, entre ellas, mi madre. Quizás mi conexión con la moda sea más antigua y personal de lo que alguna vez imaginé.

Por su parte, Coahuila también tejió una cercana conexión con la industria del vestido a través de la Fábrica La Estrella, productora de mezclilla que, desde 1899, abasteció tanto a México como a Estados Unidos, posicionando a la región como un centro clave en el sector textil a nivel internacional. Sin embargo, los cambios en las dinámicas globales de producción y la búsqueda de costos más bajos llevaron al cierre de la Fábrica La Estrella en 2011. Otras maquilas y textileras no corrieron con mejor suerte, dejando atrás un ecosistema manufacturero que nunca llegó a integrarse completamente con el diseño o la moda creativa del resto del país.

Estos episodios no solo evidencian los desafíos económicos de la región, sino también la desconexión histórica entre el potencial creativo y las oportunidades industriales, una brecha que ha persistido con el paso del tiempo y sigue siendo evidente en la actualidad.

Un terreno marcado por la inseguridad

El noreste de México no sólo ha enfrentado los retos de una economía tradicionalmente industrial, sino también el impacto de una región marcada por la violencia durante las últimas décadas. Estas circunstancias han condicionado el desarrollo de sus comunidades, concentrando los esfuerzos y recursos, en atender problemáticas sociales urgentes que habían sido ignoradas por mucho tiempo. En este contexto, donde las prioridades han girado en torno a la seguridad, disciplinas como la moda y otras áreas creativas, han quedado fuera de la agenda institucional y gubernamental. Esto ha resultado en una falta de espacios educativos, recreativos y de esparcimiento para generaciones enteras de jóvenes interesados en explorar el rubro del arte, la moda y la creatividad, limitando así su acceso a oportunidades que podrían detonar su potencial creativo a futuro.

Pese a que podría parecer que en el norte se tiene todo en contra y la creatividad no tiene cabida entre sus calles de asfalto, montañas y desierto, la realidad es otra, puesto que contra todo pronóstico, durante décadas el norte también ha sido cuna de innumerables talentos que a través del diseño, la fotografía e incluso el estilismo, han resistido dentro de una industria que pocas o raras veces, tiene espacio para ellos.

Fotografía por Cinthtya Roura

La moda mexicana: una industria centralizada

La historia de la moda en México, como muchas otras industrias, ha estado centrada en el corazón del país durante décadas. La Ciudad de México, con sus avenidas llenas de vida y energía cosmopolita, se ha convertido en el terreno perfecto para que la moda crezca y prospere desde mediados del siglo XX. Desde grandes marcas y eventos de moda, hasta plataformas que dan visibilidad a diseñadores emergentes, el centro del país ha sido el epicentro donde se han construido los cimientos más sólidos de la industria nacional.

Esto ha atraído a creativos de todas partes de México, quienes, al establecerse en la capital, han contribuido a dar forma y dirección a la moda mexicana. Sin embargo, este dinamismo también ha convertido a diversas regiones del país en exportadoras de talento. Cientos de creativos del norte, el sur y otras regiones de nuestro país, han dejado sus lugares de origen para buscar oportunidades en la Ciudad de México, dejando atrás tierras que, aunque parezcan áridas, tienen un enorme potencial para crecer.

Aunque es innegable el importante papel que ha jugado la Ciudad de México en el crecimiento de la moda nacional, no puedo evitar preguntarme: ¿qué sucede con todo ese talento que no puede —o simplemente no quiere— dejar sus estados? En el norte, por ejemplo, hemos visto avances significativos en los últimos años. La aparición de escuelas enfocadas en moda y diseño, junto con un aumento en proyectos emergentes relacionados con las artes, nos muestran que algo está cambiando.

Sin embargo, aunque este crecimiento es alentador, todavía falta dar el siguiente paso: convertir estos avances en un ecosistema sólido que realmente impulse a los creativos a construir su carrera sin la necesidad de emigrar al centro del país.

Un terreno árido que necesita cultivarse

El problema no es la falta de talento, sino la falta de oportunidades y de convicción. Nos hemos dedicado tanto a mirar hacia fuera que hemos perdido de vista el capital creativo que habita entre todxs nosotrxs. Creemos que nos falta todo, que aquí nada que no sea industrial puede florecer y que debemos abandonar nuestros hogares para poder crecer. Sin embargo, se nos olvida que hasta en el desierto crecen las flores y que durante décadas cada estado de la república ha exportado —contracorriente— a decenas de creativos que, a través de su arte, han dado vida y forma a la moda nacional. Por ello, descentralizar la moda mexicana no es un capricho, sino una estrategia clave para detonar economías regionales, fortalecer el tejido social y promover una industria más equitativa.

Fotografía por Cinthya Roura

Un llamado a trabajar nuestra propia tierra

Aunque queda un largo camino por recorrer, estoy convencida de que la clave para el crecimiento de la moda nacional está en la descentralización. Cambiar la narrativa en torno a nuestras regiones es un paso esencial. Debemos aprender a ver oportunidades donde otros ven terreno infértil y comenzar a construir desde la base.

Esto no es una tarea fácil, pero cada vez son más los proyectos que, contra todo pronóstico, surgen y crecen fuera del centro del país, enfrentando las dificultades que esto conlleva, pero con la certeza de que son solo el comienzo de algo mucho más grande. 

Si trabajamos nuestras propias regiones, podremos transformar el norte, el sur, la Baja, el Bajío y cada rincón de México, en lugares donde la moda no solo exista, sino que también prospere.

Porque, al final del día, la moda es mucho más que diseño. Es cultura, identidad y una herramienta poderosa para construir el futuro que todxs queremos.

 

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Editorial: Dollhouse Estilismo: Kassandra Torres Dirección creativa: Cinthya Roura Dirección de arte: Lina De La Garza Fotografía: Cinthya Roura Maquillaje y peinado: Alex Meiko y