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La trampa de la moda nacional

La trampa de la moda nacional

La trampa de la moda nacional

La trampa de la moda nacional

La trampa de la moda nacional

Por Fernanda Rodríguez Calderón 

Parece que de un momento a otro, todos los que estamos relacionados con la industria de la moda en México comenzamos a escuchar una y otra vez la importancia de la moda local, del diseño nacional, de la famosa identidad mexicana. Pero en algún punto del camino, entre miles de TikToks y cientos de artículos promoviendo dichos términos, parece que algunos han perdido un poco la ruta. ¿Cómo puede ser todo parte de lo mismo? Y sobre todo, si la identidad nacional se vuelve el centro de atención, ¿qué pasa con todos los otros factores y componentes de una marca? ¿Dejan de importar la conciencia, la personalidad, la historia, la cultura o la visión? Hoy me gustaría invitarte a pensar en las limitaciones del rol nacional en la ropa y en lo importante que es conocer los riesgos de reducir el discurso a una sola etiqueta. 

Para empezar, quiero que entendamos lo complejo que es hablar de identidad y por qué este concepto siempre sale a relucir cuando hablamos de ropa. La moda está ligada a muchas experiencias humanas, pero una de las más naturales es el proceso identitario de las personas y de las comunidades. Por el lado individual, todos construimos nuestra identidad personal a través de nuestras experiencias. Todo juega. Lo que aprendemos, lo que sufrimos, lo que disfrutamos. Lo que vemos y lo que decimos, lo que nos gusta y lo que no — todo va formando nuestra carta identitaria y esta misma va cambiando y transformándose en cosas diferentes a través de nuestra vida. 

Al mismo tiempo, todos vamos decidiendo con qué partes de ese constructo nos presentamos ante el mundo. Es decir que la identidad se convierte siempre en expresión porque no solo refleja, sino que también proyecta. La moda es un buen ejemplo de esto porque al mismo tiempo que tu ropa proyecta quién eres tú, también refleja quién la creó, dónde y por qué. 

Después entra la parte social, porque al interactuar con otras personas, inevitablemente nos identificamos, influenciamos y reconocemos. A través de diferentes categorías vamos construyendo identidades en conjunto con los demás. De nuevo la ropa resulta un buen ejemplo. El sociólogo Fred Davis decía que un diseñador — como un artista — percibe las corrientes identitarias de una parte de la sociedad y utiliza la manipulación artística (o diseño) para crear símbolos en la vestimenta que sirven para expresar o contener esas corrientes. ¿Qué quiere decir esto? Que la ropa puede precisamente captar una idea o emoción colectiva ¿Y qué es la nacionalidad sino una identidad colectiva?

Entonces, cuando hablamos de moda nacional, podemos estarnos refiriendo a la proyección de nuestra nación a través de la moda, al mismo tiempo que estamos implicando también el reflejo de quiénes somos los mexicanos. Pero esta primera observación sobre los matices del término está lejos de ser la única, porque cuando usamos un concepto tan abstracto como el de una nación, nos vamos a topar con muchas más ambivalencias.

Fotografía por Leonardo Manjarrez

Los países, las naciones, los estados, son todos conceptos que fueron creados hace muy poco como estrategias para distinguir y posicionar territorios y poblaciones frente a escenarios globales. México es un esfuerzo de poco más de 200 años de tratar de encontrar y posicionar símbolos y valores en común para conectar a una comunidad que hoy supera los 120 millones de personas. De nuevo usando la moda como ejemplo, basta con ver que varios de los signos y emblemas que hoy consideramos mexicanísimos tienen orígenes bastante contemporáneos, además de multiculturales. Sin irnos tan lejos, el rosa mexicano de Valdiosera se popularizó apenas en los años 50 y muchos de los trajes que conocemos como «típicos» se crearon o consolidaron como representaciones «oficiales» hasta mediados del siglo XX. Con una referencia tan limitada, ¿no estaremos dejando fuera muchos otros aspectos importantes?

Hay que entender que la identidad nacional no es más que la serie de conceptos que identificamos como compartidos con el resto de personas que viven bajo nuestro mismo estado de gobierno. ¿Por qué le doy tanta importancia a esta aclaración? Porque cuando mantenemos discursos esencialistas que no toman en cuenta los topes del término, lo que sucede es que se confunde la identidad nacional con la identidad cultural – y no. En una misma identidad nacional, puede haber varias identidades culturales porque en una nación existen muchos constructos identitarios que se cruzan con el nacional. Religiones, clases sociales, orientaciones sexuales, género, y mucho más. La identidad cultural es mucho más amplia que la nacional, y aun así, no es garantía de una esencia ni de homogeneidad. Ambos conceptos son dinámicos y multifacéticos, inseparables de interseccionalidades e individualismos. 

Que converjamos en un mismo estado no significa que no existan otros contextos. No estoy diciendo ninguna novedad — esto lo sabe cualquiera que habite en un país tan diverso como el nuestro. No todos nos identificamos con las mismas representaciones ni compartimos con nadie todos los aspectos de nuestra identidad y eso está bien.  Pero entonces, ¿por qué la moda tendría que hacerlo?

Cuando constatamos esto, es más fácil entender por qué hay tantas ironías y ambigüedades al hablar de moda nacional. Por eso la académica Susan B. Kaiser dice que la moda, como las naciones, no debe ser pensada como esencia, sino como contexto, para así no limitar las interseccionalidades que evidencian las contradicciones del término. El contexto cultural de una persona es más amplio que el de su nacionalidad, exactamente igual que el de la ropa.

Pensar en la moda nacional como parte de un mosaico más grande dentro de la identidad — tanto del diseñador como de los usuarios, nos permite apreciar las conexiones identitarias sin ignorar las divergencias. La nacionalidad forma parte de la identidad de la moda pero la identidad de la moda no es (solo) la nacionalidad. 

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