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No todas las puertas están abiertas

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No todas las puertas están abiertas

Por Gabriela NavaSoñar con ser parte de la industria de la moda es como ver la vitrina de una tienda. Por fuera, el escaparate se ve precioso, la ropa con diseños extraordinarios, un conjunto que quieres usar de pies a cabeza. A los ojos de cualquiera, este mundo se dibuja como lujo, glamour, fiestas, diseñadores, vestidos, sesiones, modelos… y así pareciera ser la vida de todos quienes la conforman.

Cruda realidad cuando entras a la tienda: tal vez lo habías idealizado, seguramente es demasiado costoso y, si no tienes dinero, tendrás que trabajar mucho para conseguirlo o no podrás comprarlo nunca. Una vez que lo pruebas, no te gusta; tal vez no era para ti, no era lo que esperabas. La industria de la moda en un país desigual está muy lejos de ser ese mundo de rosa terciopelo. Esa vida de lujo que se ha dibujado en el imaginario colectivo no es la misma para todos.

Llegar a los puestos más altos de la moda en México no es diferente a la forma en la que se consiguen otros trabajos. Muchas veces, acceder a las mejores posiciones se consigue a base de contactos. Las decisiones suelen ser tomadas por grupos pequeños donde todos se conocen: un círculo al que es difícil entrar y muchas veces aislado de lo que ocurre en el resto del país.

¿Qué tan difícil es escalar la pirámide de la moda mexicana, llegar a la cúspide y consagrarse como un diseñador exitoso?

E incluso, ¿qué tan abierta está la industria a los nuevos talentos? ¿Será que llegar a la cima de la industria de la moda en México también es un reflejo de la sociedad, donde triunfar es más difícil para unos que para otros? La moda ya es, desde el principio, exclusiva; estudiar diseño de moda en este país solo se encuentra en escuelas privadas, y crear una marca propia para muchos parece ser un sueño inalcanzable.

Hace algunos años, era una interna trabajando para un diseñador de esos que se presentan con aires de grandeza en Fashion Week Ciudad de México. Me sentía soñada y, aunque amaba mi trabajo, una parte de mí nunca se sintió realmente dentro. Recuerdo que, en mi entrevista de trabajo, me contaron sobre “el comienzo de la marca”, que se podría resumir en: “Viajé por el mundo e inspirado por la belleza me inicié en el diseño de moda”. «Lo tuvo fácil», pensé. En eso se quedó, en un par de palabras que giraban en mi cabeza: “hay quienes la tienen más fácil”.

Existe una puerta de cristal que divide a la industria de la moda. La que se presenta desde lo alto, entre pasarelas y modelos internacionales, está lejos de ser la realidad de muchos quienes conforman la moda en México: marcas pequeñas, diseñadores que tratan de abrirse un nombre, aportar y construir algo nuevo.

Poco se les tiende a preguntar a los diseñadores acerca de sus primeros años, mucho antes de dedicarse expresamente a la moda, sobre cómo la vida los bendijo, poniéndolos o no en el lugar correcto para el comienzo ideal. Hoy te presento los testimonios de distintos diseñadores a lo largo de México, sobre lo que no vemos detrás de la historia de sus marcas.

Vivir de la moda

Emprender siempre es un reto. Es como saltar al vacío, nunca sabes qué puede pasar. Se tiene la percepción de que el éxito parece siempre estar al alcance de tus manos. Los grandes empresarios y dueños de compañías que lo hacen ver muy fácil susurran palabras de aliento y frases motivacionales para que tomes el riesgo. Entonces se inicia un camino, que, aparentemente sencillo, es más complicado de lo que parece. ¿Emprender en moda? Es todavía un poco más complicado.

“La industria de la moda está cerrada para los diseñadores emergentes. Las grandes cadenas como Liverpool y El Palacio de Hierro no le dan espacio a lo nuevo o a lo que se sale de la línea que ellos manejan”, comentó Thaís Pérez Jaén, quien, terminando la carrera en diseño de moda, decidió saltar y crear su marca homónima, la cual actualmente tiene sus piezas en Ply Showroom en la Ciudad de México. “Realmente decidí iniciar porque, al salir de la universidad, tuve la oportunidad de contactarme con muchos showrooms y revistas que querían sacar fotos de mis prendas. Ahí fue cuando me di cuenta de que tenía la oportunidad de formar una marca de moda”.

Fotografía cortesía de Thaís Pérez Jaén

A pesar de que sus prendas son utilizadas por celebridades y hacen múltiples préstamos para editoriales de moda, las ventas siguen viéndose limitadas únicamente a la tienda en línea. Con la pandemia del Covid-19 durante el 2020, la exposición de su marca se vió afectada debido a la contingencia sanitaria, ya que muchos proyectos y colaboraciones se seguían aplazando para respetar las medidas de salubridad.

La marca de diseños eclécticos utiliza textiles de distintos orígenes, así como el uso de metales inspirados en el negocio de cobre de su familia. Actualmente, Thaís divide su tiempo entre dos trabajos. Por una parte, es diseñadora de moda de una marca de ropa que ha sido publicada  en múltiples revistas; por el otro, labora con sus padres en el negocio familiar que se encuentra en el Mercado Hidalgo. “Si yo viviera de mi marca no me alcanzaría, porque mis ingresos dependerían únicamente de las ventas que se generan en el showroom y en línea por medio de Instagram”.

La marca se esfuerza en tener un enfoque socialmente responsable y amigable con el ambiente. Esto lo logran con ayuda de asociaciones civiles y reutilizando materiales textiles para que no se desperdicien. Las flores de estambre características de sus diseños son creadas por mujeres que viven dentro del penal de Tepepan, en la Ciudad de México, a través de la asociación Promujeres Cautivas. Creyendo en un consumo responsable, no siguen el modelo tradicional de producción en la moda, que consta de un mínimo de dos colecciones al año. Pérez Jaén elabora una colección cada que sea necesario, al ritmo en el que fluye la creatividad.

Thaís también comentó que la falta de apertura a los talentos emergentes trae consecuencias negativas y positivas, como la creación de una comunidad de creativos que se apoya: “Creo que el hecho de que la industria de la moda convencional sea cerrada obliga a los nuevos diseñadores y profesionales de la industria a buscar otras oportunidades. Algunos salen de sus ciudades para encontrar empleo e incluso se están creando espacios amigables entre el propio talento emergente, donde, si las grandes tiendas no nos van a apoyar, nos podemos apoyar entre nosotros”.

El trabajo por el que un millón de chicas matarían

Sin saber lo que significaba, Guillermo jugaba a vestir a sus muñecas con ropa de papel que él mismo hacía. Siendo un niño, se divertía explorando su creatividad. Años después comprendería que su profesión se había trazado desde su infancia, aunque tendría que esforzarse mucho más para hacer realidad sus sueños.

Guillermo Jester fundó su marca homónima en 2011 y se esfuerza por mantener transparencia en las condiciones laborales de su equipo. Sus piezas genderless son creadas en colaboración con artesanos, mediante un diálogo horizontal donde ambas partes confluyen para desarrollar diseños socialmente responsables.

Fotografía cortesía de Guillermo Jester

Mucho antes de la marca, Guillermo era un joven recién graduado de la preparatoria, enfrentado a la decisión de estudiar moda o ceder ante la presión social para optar por una carrera con mayores oportunidades. «Decidí tomar un año sabático para aclarar mi mente. En ese tiempo aprendí sobre patronaje, cosas básicas de costura, confección y diseño. Una parte más romántica fue descubrir que mi madre, quien falleció cuando yo tenía 5 años, había confeccionado su vestido de novia. Para mí, fue especial encontrar algo más que nos conectara”.

En México, la carrera en diseño de modas se imparte principalmente en universidades privadas, limitando las oportunidades de muchos jóvenes interesados en la industria. “Mis posibilidades económicas no me permitían estudiar en las universidades que yo quería, pero logré entrar a una escuela privada con beca. Estudié en la UVM, y estoy consciente del privilegio que implica estudiar algo como moda, que no es barato por los materiales”, comenta.

En su segundo semestre, Guillermo consiguió un empleo que muchos considerarían un sueño: unas prácticas con la diseñadora Carla Fernández. Aunque no fueron reconocidas por su universidad, significaron una llave para abrir puertas en su futuro profesional. “Gracias a Carla descubrí un mundo distinto, aunque también me enfrenté a la realidad de México. Si no te das cuenta por tu cuenta, nunca vas a identificar lo que realmente se vive en nuestro país”.

El trabajo con Fernández lo acercó a las comunidades indígenas con las que colaboraría más tarde para desarrollar su marca. Fue un aprendizaje profundo sobre técnicas y textiles tradicionales que le permitió romper su burbuja y entender otras realidades. Guillermo también participó en el concurso Elle México Diseña, lo que le abrió la puerta a nuevos contactos en la industria. “Entiendo que el punto en el que estoy ahora es resultado de querer involucrarme y buscar oportunidades. No puedes quedarte con los brazos cruzados; hay que moverse y aprovechar cada chance al máximo”.

We Are Not in Kansas Anymore

La Ciudad de México, moldeada históricamente por quienes vienen de fuera, representa un refugio para aquellos que buscan oportunidades. Sin embargo, también es un reflejo de la centralización en la industria de la moda. Mientras los eventos importantes y las figuras clave se concentran en la capital, muchos apasionados deben migrar desde sus ciudades natales para hacerse un nombre entre tantos.

Liz Campos, originaria de Coatzacoalcos, Veracruz, enfrentó el reto de seguir sus sueños en un contexto adverso. Con una beca, logró estudiar en la Academy of Art University de San Francisco, pero la crisis de 2008 y el aumento del dólar la obligaron a abandonar su formación. Eventualmente, Liz llegó a la Ciudad de México para continuar estudiando diseño de moda. Con otra beca, ingresó a Centro, enfrentándose nuevamente a desafíos económicos que superó con el apoyo de la universidad y su determinación.

Fotografía cortesía de Liz Campos

“En México hay una gran falta de oportunidades para quienes no tienen conexiones en el sector de la moda. Lograr reconocimiento toma mucho carácter y determinación”, asegura Liz. Hoy, su marca independiente enfrenta retos comunes: posicionar su propuesta, gestionar ventas y administrar un negocio en el que asume múltiples roles, desde diseñadora hasta community manager.

Sus diseños sustentables y responsables, creados a partir de upcycling y textiles reutilizados, reflejan su compromiso con la innovación ética. Sin embargo, Liz admite que el equilibrio entre creatividad y comercialización es complejo. “Las tendencias suelen estar marcadas por personas con poder o recursos, y como diseñadores emergentes, muchas veces debemos adaptarnos a lo que el consumidor demanda”.

La nueva moda

Cerrada, fría y elitista, parecen ser los adjetivos con los que, ante la mirada más joven, se ha descrito la industria de la moda, no solo en México, sino en el mundo. Un espacio creado para unos pocos y que abre a muy pocos sus puertas. Aunque en algún momento el brillo cegaba y, embriagados por promesas bellas, muchos se sumergieron en sus aguas, hay que recordar que no todo lo que brilla es oro.

Los testimonios antes mencionados no completan lo difícil que es crecer en la industria. Acceder a los puestos más altos en cualquier espacio laboral o tomar el riesgo de emprender es imposible para muchas personas en el país. Muchas veces, el éxito, disfrazado falsamente de trabajo duro, es en realidad una buena agenda de contactos y dinero.

Cada año se gradúan cientos de estudiantes de distintas carreras con la esperanza de triunfar y de ser una persona que pueda ocupar estos espacios: jóvenes con el sueño de hacer fotografía, styling, diseño, periodismo, editoriales y vivir de lo que aman, pero se encuentran con la puerta transparente cerrada, un mundo que puedes ver pero no tocar. La buena noticia es que estas personas no se quedan con los brazos cruzados. Ante una industria que por años ha sido hermética, se crean nuevos espacios abiertos al diálogo, aprendizaje, creatividad y diversidad. Poco a poco, la moda en México avanza hacia un futuro diferente e inclusivo. En la nueva moda, las personas no esperan a que el conjunto de la vitrina les quede. ¿Por qué conformarse con lo que hay cuando tú mismo puedes hacer el vestido?

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