La moda “ama” a las mujeres pero odia a la maternidad
Por Kassandra Torres
Después de anunciar mi embarazo perdí más de 200 seguidores. Quizá no significaba nada. Aun así, la primera frase que apareció en mi cabeza fue: “A la moda no le gusta la maternidad”.
Me decepcionó, pero no me sorprendió del todo. No soy nada nueva aquí y digamos que después de más de diez años navegando las agridulces mieles de la moda, tengo claro que elegí una industria profundamente aspiracional, construida alrededor de la novedad, la imagen, el lujo y el deseo. Y, dentro de ese imaginario, ¿qué tienen de aspiracional un extractor de leche, pads para pezones, el cansancio del posparto o un cuerpo que ya no está disponible para producir al ritmo de siempre?
Al principio no quise darle demasiada importancia. Habría sido absurdo quedarme atrapada en ese pensamiento mientras experimentaba una de las noticias más felices de mi vida. Sin embargo, con el paso de los días no pude evitar detenerme a pensar en las implicaciones que esta decisión tendría sobre mi vida, sobre todo profesional.
Desde antes de buscar un embarazo sabía que la maternidad suele representar una pausa en la trayectoria laboral de miles de mujeres. También sabía que esa pausa no se vive de la misma manera para todas: para algunas significa reorganizar tiempos; para otras, perder ingresos, oportunidades o incluso la posibilidad de regresar a su trabajo. Aun así, me descubrí frente a una preocupación que me parecía absurda, pero que no por eso dejaba de ser real: ¿sería este el final de mi “lugar” en la moda?
“Lugar” entre comillas porque estoy muy consciente de que estoy lejos de ser una Anna Wintour en la moda local, pero mis años me ha costado construir el espacio que ocupo hoy. Pensar que la llegada de mi maternidad pudiera restarle valor a ese recorrido, o borrar parte del mérito acumulado durante más de una década, me volaba la cabeza.
Una verdad incomoda
“Me urge que tenga hijos para que desaparezca esta pendeja” fue un comentario que una cuenta anónima con 0 seguidores dejó en un TikTok cuando anuncié que me casaba. En ese momento me dio mucha risa por lo absurdo. Casi cuatro años después, al anunciar mi embarazo, la frase regresó a mi memoria en cuestión de segundos. No porque esa persona tuviera razón, sino porque su comentario revelaba una idea mucho más triste: que para una mujer dentro de la moda, convertirse en madre muchas veces es sinónimo de desaparecer y no necesariamente por voluntad propia.
Como si ambas identidades no pudieran coexistir. Como si la maternidad te quitara el derecho a seguir siendo creativa, ambiciosa, interesante o relevante. Como si convertirse en madre significara abandonar automáticamente aquello que durante años te hizo parecer “cool” porque siendo honestos, para la moda, en ocasiones el “coolness” lo es absolutamente todo.
Dentro de una industria obsesionada con lo nuevo, lo joven y lo aparentemente libre de responsabilidades, la maternidad suele leerse como lo contrario de lo aspiracional. Está asociada con el cansancio, los cuidados, la repetición y la falta de disponibilidad. Ignorando por completo que una mujer por convertirse en madre no deja de ser creativa, capaz o ambiciosa.
¿Una industria de mujeres?
La moda construye imágenes alrededor de las mujeres, vive de nuestros cuerpos, de nuestros deseos y de las distintas versiones de feminidad que comercializa temporada tras temporada. Sin embargo, parece no saber qué hacer con una mujer cuyo cuerpo, vida y disponibilidad cambia de un día a otro de manera drástica.
La contradicción es todavía más evidente si pensamos que se trata de una industria cuya fuerza laboral y cuyo consumo están sostenidos, en gran medida, por mujeres. A pesar de ello, continúa siendo un gremio que pocas veces se adapta a las realidades de la maternidad y de los cuidados.
Jornadas extenuantes, llamados desde muy temprano, cierres nocturnos, eventos entre semana en horarios absurdos, viajes, producciones que se alargan sin aviso y una necesidad constante de estar presente. Porque en la moda, si no estás, no existes; y si dejas de existir durante algunos meses, es probable que la moda siga avanzando sin ti.
En un empleo formal (al menos en el papel) existe la posibilidad de nombrar una licencia de maternidad, establecer un periodo de ausencia y regresar a un puesto que continúa siendo tuyo. Pero en una industria sostenida en buena parte por proyectos temporales, trabajos freelance, invitaciones, contactos y relaciones informales, detenerse puede sentirse como ceder el lugar que tardaste años en construir. El miedo no es únicamente dejar de trabajar durante algunos meses. Es regresar y descubrir que alguien más ocupó ese espacio, que ya no te llaman, que dejaste de estar en la conversación o que la maternidad se convirtió en la primera palabra con la que otros te relacionan.
Con todo esto en contra, decidir tener hijos dentro de la moda parece una contradicción y un tabú a la vez. Existen pocos referentes visibles de maternidades dentro de la industria y, muchas veces, estas experiencias terminan escondiéndose detrás de bastidores porque simplemente no forman parte de la “vibra”.
Mi experiencia no representa la de todas las mujeres que atraviesan la maternidad dentro de este gremio. Tengo la fortuna de trabajar en mis propios proyectos, de diseñar hasta cierto punto mis horarios y de contar con una red de apoyo que muchas mujeres en nuestro país no tienen. Mi posición me permite pensar en una pausa sin que esta signifique necesariamente perder mi sustento, y soy plenamente consciente de que eso es un gran privilegio en la actualidad. Pero quizá justamente por ocupar ese lugar considero necesario poner el tema sobre la mesa. No para hablar en nombre de todas las madres ni para presentar mi experiencia como universal, sino para reconocer la maternidad como una realidad que existe dentro de la moda y que, por lo tanto, debe ser contemplada por ella.
Visibilizarla no es suficiente. También necesitamos crear esquemas de trabajo más amables con los cuidados, revisar horarios, profesionalizar relaciones laborales, respetar las pausas y dejar de asumir que el compromiso solo puede demostrarse mediante la disponibilidad permanente que suele exigir la moda.
Hablar de maternidad dentro de la moda tampoco significa asumir que todas las mujeres desean vivirla. Significa reconocer que quienes sí la eligen no deberían pagar por ello con su carrera, su relevancia o el espacio que tardaron años en construir.
Mientras sigamos alimentando la idea de que nadie en la moda desea ser madre o padre, la maternidad continuará pareciendo algo ajeno, casi surrealista dentro de este sistema. Y mientras se mantenga fuera de la conversación, será mucho más difícil cuestionar las condiciones que durante décadas han alejado a tantas madres de la industria.
La moda dice amar a las mujeres, pero todavía no sabe cómo recibirlas cuando se convierten en madres, necesitan detenerse y exigen condiciones que les permitan continuar. Porque la moda ama a las mujeres, siempre y cuando sigan estando completamente disponibles para ella.



