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¿Por qué septiembre es considerado el mes de la moda?

¿Por qué septiembre es considerado el mes de la moda?

¿Por qué septiembre es considerado el mes de la moda?

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¿Por qué septiembre es considerado el mes de la moda?

Por Kassandra TorresDesde que comencé a estudiar moda hubo una frase que se repetía prácticamente como una verdad universal: septiembre es el mes de la moda. No febrero, aunque también concentre buena parte de las Semanas de la Moda más importantes del mundo, ni julio, cuando París presenta sus colecciones de Alta Costura, sin importar el paso del tiempo, septiembre seguía manteniendo ese misticismo particular.

Durante mucho tiempo acepté esa idea sin cuestionarla demasiado. Era una de esas cosas que parecían formar parte del imaginario de la industria: septiembre llegaba y con él las portadas importantes, Fashion Week, nuevas campañas, lanzamientos y esa especie de regreso a clases para quienes trabajamos en moda.

Fue hasta unos años más tarde que comencé a cubrir Semanas de la Moda fuera de México que la diferencia se volvió mucho más evidente: Aunque febrero y septiembre responden esencialmente al mismo calendario, la energía difícilmente se siente igual.

Septiembre tiene una energía distinta. Hay más movimiento, más personas viajando, más conversaciones sucediendo simultáneamente y una sensación mucho más marcada de que la industria vuelve a arrancar. En mi experiencia, febrero puede sentirse como una continuación del calendario; septiembre, en cambio, tiene algo de inicio de ciclo. Pero ¿de dónde viene esa percepción?

El año nuevo de la moda no comienza en enero

Una parte de la respuesta tiene poco que ver con las pasarelas que estamos viendo en septiembre y mucho con las prendas que están llegando a las tiendas en ese momento. Mientras las casas presentan sus colecciones Spring/Summer del año siguiente, el mercado está recibiendo las colecciones Fall/Winter que conocimos meses atrás. Después del ritmo más lento del verano en buena parte del hemisferio norte, septiembre representa históricamente el regreso de una de las temporadas comerciales más importantes para la moda. Es decir, septiembre funciona en dos tiempos al mismo tiempo: la industria vende el presente mientras presenta el futuro en términos de colecciones.

También existe un factor cultural difícil de ignorar. Septiembre lleva décadas asociado al regreso: termina el verano, regresan las escuelas, las ciudades recuperan su ritmo habitual y comienza una nueva temporada laboral y social. La moda, que siempre ha sabido apropiarse de nuestros rituales de renovación, encontró ahí el momento perfecto para construir su propio “año nuevo”.

Antes de Fashion Month estuvo The September Issue

Mucho antes de que pudiéramos ver una pasarela en tiempo real desde nuestro celular, septiembre ya tenía un peso particular dentro de la prensa de moda.

Históricamente, las ediciones de septiembre de las grandes revistas eran las más importantes (y muchas veces las más voluminosas) del año. Ahí se presentaban las tendencias de otoño, las nuevas campañas y gran parte de la publicidad de una temporada comercial que apenas comenzaba. Vogue, por ejemplo, se ha referido a septiembre como su edición más grande del año, y en 2012 llegó a publicar un ejemplar de 916 páginas.

La importancia llegó a ser tan grande que dio vida al documental que ha marcado generaciones: The September Issue, un largometraje dedicado al proceso de creación de la edición de septiembre de 2007 de Vogue que vive en el inconsciente colectivo de miles de amantes de la moda.

Para una generación que aprendió moda antes de Instagram, TikTok y Vogue Runway, ese número funcionaba prácticamente como una guía de lo que vendría durante los siguientes meses. Por eso el concepto de “September Issue” ayudó también a construir septiembre como un acontecimiento cultural propio dentro de la moda, mucho antes de que empezáramos a llamarle Fashion Month.

Las cuatro capitales

A ese ecosistema se suma lo que hoy probablemente asociamos primero con septiembre: las Semanas de la Moda. Nueva York abre el circuito y después llegan Londres, Milán y París. Las llamadas Big Four presentan durante varias semanas las principales colecciones femeninas Spring/Summer del año siguiente. El circuito, por supuesto, vuelve a ocurrir en febrero para presentar Fall/Winter. La propia CFDA define New York Fashion Week como un evento celebrado tanto en febrero como en septiembre y el calendario de 2026 muestra una escala bastante comparable: febrero reunió más de 60 shows y presentaciones oficiales; septiembre tiene alrededor de 70.

Entonces, si ambos meses tienen Fashion Week, ¿por qué septiembre se queda con todo el glamour del título? Aquí es donde empiezan las teorías.

Una de las explicaciones que escuchamos constantemente quienes hemos asistido a ambas temporadas tiene que ver simplemente con el clima. Nueva York, Londres, Milán y París pueden ser ciudades bastante menos amables en febrero. Oscurece temprano, hace frío, llueve e incluso puede nevar. Y aunque esto parezca superficial, Fashion Week implica pasar días completos moviéndonos de un punto a otro de la ciudad, esperar afuera de venues, fotografiar street style y asistir a eventos que muchas veces continúan hasta la madrugada. Septiembre, por supuesto, suele ofrecer una experiencia considerablemente más agradable.

¿Eso explica por sí solo por qué septiembre es “el mes de la moda”? Probablemente no. Pero después de vivir ambas temporadas, tampoco me parece irrelevante.

¿Las marcas realmente se guardan “lo mejor” para septiembre?

Esta es otra de esas teorías que circulan constantemente dentro de la industria y que resulta difícil comprobar como una regla general. Sí se percibe una concentración enorme de lanzamientos, fiestas, activaciones y movimientos alrededor de septiembre. Las propias marcas saben que durante esas semanas existe una cantidad extraordinaria de periodistas, compradores, stylists, celebridades y profesionales reunidos en las mismas ciudades, y aprovechar esa atención tiene todo el sentido estratégico. Pero sería simplista decir que las colecciones Spring/Summer son necesariamente “más importantes” que Fall/Winter.

Lo que ocurre es que septiembre tiene un ecosistema que amplifica todo lo que sucede alrededor de él. Fashion Week coincide con las grandes campañas de otoño, el regreso de las publicaciones después del verano, la llegada de producto nuevo a retail y una audiencia que culturalmente ya está preparada para pensar en renovación. Las pasarelas son solo una pieza dentro de algo mucho más grande.

Tal vez por eso, incluso después de tantos años dentro de esta industria, septiembre todavía conserva cierto misticismo para mí. Puede ser porque después del verano todos regresamos con cierta energía renovada. Puede ser porque durante cuatro semanas la industria concentra una cantidad absurda de atención en cuatro ciudades. Puede ser el peso histórico de las revistas, el calendario comercial o simplemente décadas de repetir que este es “nuestro mes” hasta terminar por convertirlo en una profecía autocumplida. Probablemente sea una combinación de todo.

No existe una regla escrita que diga que septiembre tiene que ser más importante que febrero. Tampoco un único acontecimiento histórico que pueda explicar por qué terminó apropiándose de ese título. Más bien, durante décadas, la industria fue acumulando suficientes rituales alrededor de septiembre hasta convertirlo en algo más grande que la suma de todas sus semanas de la moda, y en una industria tan romántica como la nuestra, un ritual repetido suficientes veces termina convirtiéndose en parte de su propia mitología.

 

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