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Destruyamos los prejuicios del feminismo

Por Alina Tijerina

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El feminismo se encuentra en un momento fuertísimo en la historia de este país. Día con día vemos cómo México arde con las declaraciones de miles de mujeres que levantan la voz contra la injusticia y la violencia que vivimos a diario. Sin embargo, en ocasiones me encuentro pensando el por qué aún existe demasiada resistencia por parte de algunas personas; porque si bien toda la información se encuentra en las manos de quien quiera, aún existen quienes se rehúsan a apoyar el movimiento que nos viene a liberar a todxs. 

Al investigar un poco más sobre el tema, me topé con un artículo que hablaba sobre los prejuicios que se tiene del lenguaje inclusivo y su repercusión en la sociedad. Este era para explicar los argumentos de la gente que no quería ser inclusivx en su manera de comunicar, y es así que se me ocurrió que tal vez, y solo tal vez, al escribir sobre los prejuicios del feminismo, esto serviría para derribar los argumentos que se ponen en contra de nosotrxs para poder quitarlos del camino y avanzar en las mejoras. Aquí les explico y destruyo 8 prejuicios sobre el feminismo que toda persona involucrada en el movimiento ha escuchado:

“Las feministas odian a los hombres”

Cualquier feminista les podría decir que la frase “las feministas odian a los hombres” ha estado presente en sus vidas desde que se unieron al movimiento. No puedo explicarles lo cómun y vana que es porque es semejante al quejido de un niño chiflado al que no se le dio lo que pidió; en este caso el niño siendo los hombres que se quejan de que no se salen con la suya al violentar a una mujer, o bien, simplemente porque no nos reímos de su chiste sobre la violación. Este prejuicio sobre el feminismo claramente es irrelevante debido a que dentro del movimiento existen personas que mantienen una relación de pareja con hombres. Inclusive existen activistas que se encuentran casadas con uno, mismo al cual no odian a diario ni quieren desaparecer de la faz de la tierra por el simple hecho de ser hombre. Sin embargo, pareciera que este pensamiento vive ya que el odio del hombre hacia la mujer es tan real como lo es común. La misoginia predomina dentro del machismo, a veces consciente y en otras ocasiones inconsciente, pero existe. Y como era de esperarse, como los hombres consideran que una mujer se ve mejor callada que rayando paredes para defender sus derechos, se lo toman como ataque persona y dirigen directito el odio hacia ellos mismos. 

A todxs aquellxs que creen que las feministas odiamos a los hombres, les diré esto: odio recibe quien odio merece. Las mujeres nos cansamos de ser amables y calladas, probablemente por eso creen que odiamos a todos los hombres, porque ya estamos en un punto en el que no callaremos ni un acto de violencia o injusticia, pero quien tiene miedo de recibir odio es aquél que carga con culpa, y eso, déjenme decirles, es un indicio de que algún mal acto se ha cometido. A diferencia de los misóginos, nosotras no odiamos al hombre por una cuestión de género, se les odia por la opresión que han ejercido sobre nosotras a través de los tiempos y cómo sigue presente hoy en día. 

Feminist GIF | Gfycat

“Las feministas son todas lesbianas”

Esta frase es una de mis favoritas porque, creanme, que si la sexualidad fuera una elección, yo no sería heterosexual. Esta creencia de que toda feminista es lesbiana viene del mismo prejuicio #1: Muchos creen que el odio al hombre nos lleva a amar a la mujer, pero no solo dentro de una sororidad, sino como amantes. Y bien, se podría pensar que esto es una idea tonta, pero la realidad es que el lesbianismo tuvo un protagonismo impresionante en la segunda ola del feminismo. En los años setenta la palabra “lesbiana” nace para darle nombre a una relación amorosa entre mujeres y esto es gracias al feminismo. Fue durante esta segunda ola que las mujeres buscaban luchar más que por la igualdad al género masculino, si no para analizar temas como el matrimonio y la heterosexualidad que se creían fungía como opresión a la mujer por parte del patriarcado. Es en ese momento que el lesbianismo se define como una corriente política dentro del feminismo. Tanto fue su auge que comenzó a causar conflictos dentro de las feministas heterosexuales y esto obligó a las feministas lesbianas a separarse para buscar sus propios intereses. Y así como existe el radicalismo dentro de cada movimiento, el de esa época se encontraba en la creencia de que el lesbianismo funcionaba como la mejor opción para la mujer para poder eliminar el control del hombre sobre ella; cito al periódico El País en un artículo de 1987 el cual relata las marchas feministas con relación al lesbianismo: “En el extremo de esta corriente se sitúan las que consideran que el lesbianismo es la opción más consecuente para la mujer en general y las feministas en particular.” (El País, 1987)

Toda esta clase de historia que les doy aquí es para que entendamos que la idea de que “todas” las feministas son lesbianas no es tan descabellada como se podría pensar. Pero lo que ellos no entienden, o bien se rehúsan a entender, es que al final del día, sea cual sea nuestra orientación sexual, todas nos unimos para esta lucha llamada feminismo que busca la igualdad entre para encontrar paz, pero sobre todo justicia dentro de la sociedad. 

“El feminismo es igual al machismo pero con mujeres”

Este punto, como la mayoría de ellos, se relaciona con el odio a los hombres que consideran tenemos todas las feministas. Existe una creencia que dicta que las mujeres dentro del movimiento queremos abolir a todos los hombres, o bien, hacerles lo que ellos nos hacen a nosotras. Esto regularmente es una falta de respeto de diferentes magnitudes, tales como un comentario imprudente sobre nuestros cuerpos o chistes misóginos. Pero si nos ponemos a pensar, el machismo lo que hace es oprimir a la mujer y al ellos considerar que el feminismo busca hacer lo mismo es una forma en la que admiten abiertamente que los hombres sí ejercen violencia premeditada sobre la mujer. Más allá de usar las excusas de cómo se vestía o cómo ella provocó lo que le sucedió, los hombres al temer del feminismo admiten que es un problema relacionado estrictamente con el género. Es decir, temen que solo por ser hombres, las mujeres les quieran hacer daño. Así que yo me pregunto, ¿podremos al fin admitir que el feminicidio es distinto a un homicidio? ¿ya llamaremos al problema por su nombre? 

La idea de que las feministas venimos a hacer de la sociedad un matriarcado en el que finalmente las mujeres reinarán sobre los hombres y los someterán contra su voluntad nos demuestra que no nos han estado escuchando. Digo, esto no es una sorpresa, pero sí son muchos los que se oponen con argumentos como estos, los cuales no tienen fundamento alguno, y ni siquiera han prestado atención al por qué luchamos por lo que luchamos. Se los explicaré con peras y manzanas: lo que buscamos es la equidad de género, una sociedad libre de la cultura de violación y el desprecio hacia la mujer. 

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“Las feministas somos unas ‘malcogidas’”

Posiblemente uno de los prejuicios más irónicos que hay dentro del feminismo ya que este en específico viene abarcando en su totalidad al dicho mexicano: “Le salió el tiro por la culata”. En un afán de ofender a las mujeres, los hombres comentan que las feministas están amargadas porque han sido “mal cogidas”, pero lo más chistoso de todo esto es que al final del día, este insulto es más grande para ellos que para nosotras. Para empezar, este argumento no es dirigido hacia mujeres lesbianas, es dirigido hacia aquellas que sienten atracción hacia los hombres, entonces esto quiere decir que los que hacen mal el acto sexual son ellos, por ende, su orgullo de macho “rey de la cama” lo aplastan ellos solitos. Quiero aclarar que por ninguna circunstancia este argumento es correcto ni cierto, pero si de insultar se trata, pues los únicos heridos aquí son ellos. Porque si de coger se trata, nosotras solitas hacemos mejor trabajo. 

Por otro lado, el decir que una feminista es una mujer a la que le falta que “se la cojan bien” regresa a la misma cultura de violación que cree que para corregir a una mujer hay que violentarla de manera sexual. Es un comentario increíblemente misógino que ve a la mujer como el objeto sexual que el hombre desea que seamos. Nuestra lucha no se reduce a esto, y un comentario mal planteado como lo es este, no nos desviará del camino a lo que deseamos conseguir.

“Las feministas no cuidamos de nuestra higiene personal”

La frase que pretende ofender a la mujer eliminando su “pureza” para hacerla sentir mal y regresar a un estado de opresión y control. Este prejuicio, por lo general, cae mucho en el tema de los pelos en axila. Una reverenda idiotez que funge como cortina de humo para ignorar los aspectos más importantes del feminismo. El hecho de que un hombre critique a las feministas porque no se depilan las axilas es porque busca regresarla a su camino de la mujer “limpia y pura” que debe mantener un cuerpo de niña para alimentar la pedofilia que existe en la sociedad. Si nos ponemos a pensarlo de la manera correcta, el cuerpo es perfecto tal y cómo es. En especial el de la mujer el cual es una máquina increíble que se protege solito y todo, incluido el vello, tiene razón de ser. Pero fue a través del patriarcado y el capitalismo que se comenzó a vender la idea de una mujer sin vello, una mujer con piel suave como la de un bebé y con una vulva lisa, así como la de una niña. Díganme ustedes, ¿qué hace una mujer adulta lastimándose terriblemente al eliminar el vello que protege su vulva de infecciones? Todo esto para satisfacer la necesidad de un hombre de mantener todo “limpio”, cuando la verdadera limpieza se encuentra en dejar al cuerpo funcionar a su manera. 

Así como se busca controlar a la mujer a través de la ropa, de los estándares de belleza inalcanzables y la manera de mantenerla callada, el criticar a aquella que decide quedarse con su vello es otra manera de mantenerla en fila. Aquel que las rechace por tener vello es aquél que merece le enseñen la puerta para que se regrese a la tierra de machos de la cual salió.

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“Las feministas queremos legalizar el aborto para poder obligar a todxs a abortar”

Tan delicado y complicado es el tema del aborto que no es fácil tocarlo con cualquiera. Existen aún dudas de que si se puede ser feminista y pro-vida a la vez, mismas que han puesto a muchas personas sobre el borde de apoyar el movimiento o no hacerlo. Pero la realidad es que no hay manera de ser feminista y a la vez oponerse a la legalización del aborto, esto porque la criminalización del mismo ha sido usada como forma de opresión por el sistema patriarcal. No es que a los líderes de dichos sistemas les importe la vida del feto, es que les importa mantener un orden dentro de la sociedad que contenga a la mujer por debajo del hombre y tristemente, la manera más fácil de hacerlo es a través de los derechos de reproducción. Tan fuerte es ese tema que se nos ha vendido la idea de que la única función que tiene la mujer en la sociedad es reproducirse y que de no cumplirlo, su valor es nulo. 

La creencia de que las feministas queremos legalizar el aborto para obligar a todxs a hacerlo es basada en la misma ideología del machismo: forzar a los demás a hacer lo que tú crees correcto a través de la opresión. Este movimiento busca totalmente lo opuesto, pretende liberar a todos, incluyendo a los hombres, del sistema opresivo que solo se ha encargado de hacer daño.

“Las feministas satanizamos el ser madre”

La idea de que las feministas satanizamos el ser madre es igual que la imagen que se tiene de nosotras en relación con el aborto, queremos obligar a todxs a ser iguales eliminando así la decisión personal de cada quien sobre cómo llevar a cabo su vida. Para destruir este prejuicio yo les hago la siguiente pregunta: si el feminismo pretende eliminar las tradiciones patriarcales basadas en los estereotipos de género mediante reglas establecidas en la sociedad, ¿por qué creen que como feministas haremos exactamente lo mismo al obligar a las mujeres a no ser madres? ¿Dónde se encuentra el sentido en esto?, si lo que venimos diciendo es que lo único que queremos es que se respete nuestra decisión, sea cual sea. Llámese ser mamá, adoptar, abortar, vestirme escotada al salir a la calle, etc. pero lo que sea que nosotras queramos, hacerlo sin ser juzgadas, culpadas o violentadas. En el feminismo quien quiera ser mamá, que lo sea, y quien no quiera, que tenga la libertad de abortar si así lo desea. La belleza del movimiento es la inclusión que conlleva y cómo se respeta y acepta toda decisión tomada sin discriminación alguna.

“Las feministas sólo queremos llamar la atención”

Cuando las marchas feministas comenzaron a prender fuego y ser tan fuertes que se llenaron de arte los monumentos de México, los machos salieron a opinar. Claramente las afirmaciones realizadas no fueron para nada positivas, entre ellas nuestro querido presidente con su mensaje matutino pidiendo de favor a las feministas que ya no hiciéramos destrozos. Sin embargo, cuando de feminicidios se trata, pareciera que la palabra respeto pierde su significado. Las personas que critican lo que se ha hecho en el Ángel, en la CNDH y en general en las calles de este país, olvidan que la iconoclasia es una forma válida de protestar para generar un cambio en la sociedad. En lugar de esto, lo que hacen es acusarnos de que solo queremos llamar la atención, como si fuera para nosotras algo placentero recibir más atención no deseada por parte de hombres. Asumir que nuestros gritos, nuestras marchas y todo lo que se ha hecho por ver un cambio en nuestra forma de existir es nada más que una chiflazón es, de nuevo, una manera de menospreciar la vida de cada mujer que ha sido, tocada, violentada o incluso víctima de un feminicidio. Las formas en las que se han llevado a cabo las protestas no han sido nada más que las correctas y necesarias para dirigir la atención a una emergencia nacional que ha sido ignorada por décadas.

Todos los argumentos mencionados anteriormente me los dijeron mujeres que están involucradas en el movimiento y que están hartas de escucharlos. Pero por más que nos hartemos, nuestra lucha no se detendrá por unas cuantas frases sin fundamentos. Al contrario, recibir esos comentarios nos ayuda a educarnos mejor para que a la siguiente vez que nos toque escuchar uno de ellos, nuestra defensa también sea mejor. En la educación está el poder y eso es algo que no nos pueden quitar; sigamos reconstruyéndose para generar el cambio que necesitamos.

REFERENCIAS

Pérez Oliva, M. (1987, 8 febrero). Polémica entre las lesbianas sobre su relación con el feminismo. El País. https://elpais.com/diario/1987/02/09/sociedad/539823607_850215.html

Curiel, O. (2006) El Lesbianismo Feminista: una propuesta política transformadora.

Instagram: @Alinatijerina

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