Reflexión: Las construcciones sociales detrás de mis prendas

Reflexión: Las construcciones sociales detrás de mis prendas

Reflexión: Las construcciones sociales detrás de mis prendas

Reflexión: Las construcciones sociales detrás de mis prendas

Reflexión: Las construcciones sociales detrás de mis prendas

Por Alina Tijerina

Vestirme siempre es una experiencia distinta. Todos los días, después de bañarme, me paro frente a mi clóset y me cuestiono sobre lo que siento y lo que quiero sentir. ¿Qué día tengo por delante de mí y qué necesito para que éste salga bien? En muchas ocasiones la respuesta es la misma, otros días no tengo idea y uso lo más cómodo. Pero cuando me pongo a reflexionar, como tiendo a hacerlo, en lo que estoy usando y el por qué, me topé con la incertidumbre siguiente: cada que uso ropa determinada como “femenina” me siento apenada, débil inclusive, y decido cambiarme a algo más “masculino”. En el momento en que veo que mi cuerpo se morfa a algo ajeno a una figura femenina, siento cierto poder, una seguridad en mí misma que no sale cuando porto un vestido. ¿Qué es lo que sucede que cuando adopto una identidad masculina mi autoestima incrementa? 

Siendo una feminista arraigada, mi primer pensamiento se va a culpar al patriarcado. Pero más allá de culpar a esa institución en la que crecimos, creo que realmente hay una influencia mucho más fuerte que afecta en esta parte de la moda. Claro está que no todas las mujeres pasan por eso, pero curiosamente a mi grupo social, y a mí, nos pasa mucho. A pesar de entender que la moda no tiene género y que estamos, como sociedad, rompiendo esas barreras para que exista la libertad completa de expresión, la ropa se sigue separando por género en las tiendas. Así como todo cambio es complicado de realizar en un 100%, la idea de que la ropa sí tiene género sigue inscrita en nuestras cabezas. Al final de cuentas es una educación de siglos la que llevamos escuchando sobre los géneros y haciendo distinciones entre ellos, entonces es entendible que la ropa aún sea difícil de homologar. 

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Habiendo dicho todo esto, yo genuinamente quería saber si el hecho de sentirme mejor con looks “masculinos” tenía algún fundamento en el chip que me metieron desde pequeña que decía que las mujeres no eran iguales a los hombres. Tal vez está en el hecho de considerarme frágil por el simple hecho de ser mujer, o que tengo muy inscrito en mi cabeza que el hombre, tristemente, tiene la batuta en este mundo. Pero es gracias al feminismo que justo me detengo en el espejo, me cuestiono el por qué y me pongo a investigar. Durante este proceso que empezó con una pregunta en Google, que iba algo así como “¿Vestirse masculino es patriarcal?”, me topé con un artículo para el blog Ágora que hablaba sobre el origen del sistema patriarcal y la construcción de las relaciones de género. Dentro de éste se citaban a muchas escritoras feministas que explican a detalle el por qué de nuestro funcionamiento como sociedad y fue que mi pregunta hizo click con un párrafo del artículo. Se los dejo aquí:

La masculinidad asociada al poder, el control, el valor, el dominio de la razón, la posesión del conocimiento, el gobierno de lo público y la independencia individual, configuraron la identidad del varón. Para poder llevar a cabo esas tareas debe de delegar las otras funciones necesarias e imprescindibles para la supervivencia, por ser tediosas y cotidianas, a las mujeres, pero que sin su implementación, impedirían el desarrollo del modelo androcéntrico que propugna como ley natural el sistema patriarcal. En conclusión, se puede extraer que los hombres quedan con la exclusividad de las funciones de gobierno y decisión y las mujeres de acatamiento y obediencia.

Se podrán preguntar por qué llamó mi atención un párrafo donde se explica la masculinidad que ya tanto conocemos y le atribuimos al hombre; bueno, fue el hecho de que los adjetivos para describir a la masculinidad es justo lo que siento al vestir más varonil. Es como si adoptara por completo esa personalidad y dejara a un lado la idea de que he sido reprimida toda mi vida por el simple hecho de ser mujer. Entiendo que la ropa tiene mucho poder sobre la persona que la porta, pero es impresionante cómo a veces funciona como disfraz; como una forma de esconder quien eres para pretender, aunque sea por un día, que puedes llegar a ser más. 

Ojo, no digo que la ropa que ha sido diseñada para hombres es algo que todas debemos usar para sentirnos poderosas, sino que estoy contando mi experiencia de un conocimiento que, honestamente, me perturba un poco. No me agrada la idea de sentirme bien cuando estoy apropiándose de aspectos varoniles, sino que me gustaría romper eso para poder sentirme bien en lo que sea que me ponga. Para poder romper ese chip que tengo dentro que me dice que verme femenina es un signo de debilidad, de sentirme menos por ello. En este mismo artículo que les comento viene una parte que habla sobre cómo cuando Simone de Beauvoir escribió “El Segundo Sexo” se dio cuenta que las circunstancias que impedían a una mujer alcanzar su individualidad, la escritora Maribel Gil (2019) lo escribió así: “[Simone de Beauvoir] desenmascaró rotundamente el mito de la feminidad al poner en evidencia las barreras y los artificios de que se ha valido el sistema para mantener a la mujer atrapada en el mito, encerrada en el artificio del arquetipo, lo que le hizo concluir a Beauvoir ‘no se nace mujer, se llega a serlo’.” La mujer no es lo que nos pintan que es, no es lo que el sistema patriarcal ha dictado que es por años y años; la mujer es un ser impresionantemente fuerte y resiliente que, solo a través del autodescubrimiento, puede alcanzar su máximo potencial. 

Una vez que nos libramos de esos límites tan horrendos en los que nos han puesto por miedo a lo que somos capaces de hacer es que llegamos a sentir esa misma fuerza que los hombres tienen inherentemente asignada. Toda nuestra historia como humanidad, y nuestras experiencias, ha sido registrada desde la mirada masculina; tanto así que las mujeres hemos interiorizado tanto la idea de nuestra propia inferioridad. La ropa no es más que una construcción mediante pedazos de tela e hilos que no deben fungir como una forma más de opresión a la mujer; es por esto que justo es el momento para quitarnos esa idea de nuestra cabeza y poder librar de estigmas a todo lo que se considera femenino. 

Instagram: @alinatijerina

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