La moda y las subculturas en nuestra era ¿Vivas o inexistentes?

La moda y las subculturas en nuestra era ¿Vivas o inexistentes?

La moda y las subculturas en nuestra era ¿Vivas o inexistentes?

La moda y las subculturas en nuestra era ¿Vivas o inexistentes?

La moda y las subculturas en nuestra era ¿Vivas o inexistentes?

Por Fernanda Rodríguez

Es universalmente aceptada la importancia que la ropa tenía cuando pensamos en subculturas de los 60s-80s. Punks o Mods son fácilmente asociados a unas botas Dr. Martens o una polo Fred Perry y todos estamos de acuerdo en el carácter desafiante que significaba portar una u otra en su momento. Hoy, con un mundo infinito de posibilidades de estilos “prefabricados” por las marcas, las prácticas y los significados han cambiado. Pasar de verte – y énfasis en verte grunge a verte hippy en dos segundos no solamente es posible, a veces ni siquiera tienes que cambiarte de tienda. La democratización de la cultura nos ha brindado cosas fantásticas, pero ¿habrá matado a las subculturas en su camino? 

Los académicos y los sociólogos llevaban décadas estudiando los fenómenos de comunidad y expresión entre los jóvenes. Parecía que habían llegado a comprender sus motivos, causas y manifiestos y de pronto, llega el siglo XXI. Bauman propone que hoy vivimos en una modernidad líquida, es decir, una sociedad en donde todo se transforma, fluye y cambia constantemente, por lo que no nos debería sorprender que significados como los de una subcultura o una tribu urbana hoy sean increíblemente distintos. 

Vamos a retroceder un poquito, a cuando el término Cultura implicaba las costumbres dominantes de una sociedad, resultando en que Sub-cultura significara su subversión. Estaba fácil y claro. Todo lo que fuera distinto a lo mainstream era subcultura. Hoy pasa algo distinto y es que, en el mundo del internet, mantener un grupo y sus elementos en el underground es extremadamente difícil, si no es que imposible. Cuando algo es compartido en internet, rápidamente es recibido por miles, o hasta millones de personas. Por un lado, es mucho más fácil ser escuchado y conectar con individuos que se identifiquen contigo y tu estilo, pero por el otro, las cosas se vuelven comerciales en un abrir y cerrar de ojos. 

Todos lo hemos visto pasar, descubres algo alternativo y cuando menos te das cuenta ya está en todos lados. ¿Una canción?, ya está en Spotify. ¿Un nuevo bar?, en Foursquare. ¿Un estilo de ropa?, en la tienda de fast-fashion que quieras. Las marcas y empresas de la actualidad han evolucionado a tal grado mercantil y productivo que hoy pueden – y suelen – absorber de manera casi inmediata todo signo de expresión que se asemeje a una tendencia comercial. En la moda es más que obvio. Lo que antes significaba ir en contra del sistema para encontrar lo que te hiciera diferente, hoy vas y lo compras tal cual está en el maniquí, porque el sistema de consumo estético también ha cambiado.

Parece entonces que ya nada puede ser contracultural porque al final, vivimos en una época multicultural y globalizada. Encuentras la cosa más remota del planeta a un clic de distancia. A todo hay acceso. Con esto, muchos opinan que las subculturas simplemente desaparecieron, se murieron, las mataron la modernidad y la Cultura dominante. Hoy todo se trata de las apariencias y de la performatividad, ya no hay discursos y ya no hay comunidad. ¿No? En lo personal, no estoy del todo de acuerdo.

Sí, los valores que antes fundamentaban a una subcultura ya no existen, no pueden hacerlo. Sin embargo, las tribus urbanas siguen apareciendo todos los días. ¿Qué pasa?, que estas han sido naturalmente asimiladas dentro de la Cultura. La industria cultural globalizada y su maquinaria (internet, sistemas de producción y demás) se las comieron. Hoy tenemos que pensar en ellas ya no como algo contracultural sino como una construcción cultural más. Con su propia estética y elementos particulares, eso sí. 

Para mí, lo que pasa en nuestros días es que el carácter subversivo se expresa desde adentro. Haciendo uso de las herramientas que al final, nos guste o no, forman parte de quiénes somos. Los jóvenes del 2022 siguen luchando por crear identidades sociales y estéticas propias, pero lo hacen a través de sus sistemas particulares, que claro que son distintos a los de hace 60 años. 

Que si con Instagram, TikTok o Vimeo; que si reuniéndose en Starbucks o en plazas públicas, las tribus urbanas siguen ahí y siempre lo harán. Encontrarlas es tan fácil como voltear a ver a los K-Popers en las explanadas de las ciudades o buscar #egirl en TikTok. Su carácter auténtico, su apropiación de espacios, sus criterios y sus declaraciones a través de la ropa siguen claramente vigentes. Si, el internet quizás imposibilita el aspecto mítico de antes, pero también se ha convertido en una herramienta con la que hoy los jóvenes amplifican su voz y encuentran más materiales, espacios, inspiraciones y personas que nunca antes. 

La manera de socializar, los medios, la producción y la industria cultural han cambiado y es normal que estas nuevas generaciones no puedan ser compradas a las anteriores, al menos no bajo los mismos términos y valores. Pero eso no quiere decir que el espíritu expresivo e inquietante de los jóvenes haya muerto. La cultura – y las subculturas – como la moda, la tecnología y la sociedad, evolucionan, pero la esencia, esa siempre estará disponible para el que la quiera encontrar.

Por un 2022 lleno de cambios que observar.

Referencias:

Una introducción a la Teoría de la Modernidad Líquida de Bauman

Bailarines callejeros de KPOP en CDMX

E-girls and e-boys

Subculturcide – Amar y vivir en el Madrid de los 2010

internet a-t-il tué les contre-cultures ?

Instagram: @ferrodriguezcal 

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