“El feminismo tiene que ser activista”: Colectiva Moradas

“El feminismo tiene que ser activista”: Colectiva Moradas

“El feminismo tiene que ser activista”: Colectiva Moradas

“El feminismo tiene que ser activista”: Colectiva Moradas

“El feminismo tiene que ser activista”: Colectiva Moradas

Por Claudia Aguilar

Nezahualcóyotl es uno de los 11 municipios del estado de México en los que la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres ha sido declarada dos veces –primero en 2015, luego en 2018 cuando diferentes asociaciones civiles exigieron al gobierno más presupuesto y medidas para dar solución al aumento de desaparición de mujeres–.  

Arely Reyes, Estrella López, María Acevedo, Alejandra Paleta, Laura Martínez, Viridiana Espinosa y Laura Galicia viven ahí. Ellas, como muchas otras mujeres de la periferia, hartas del abandono y ausencia del Estado, se han hecho cargo de su seguridad, la propia y la de sus vecinas. Su fuerte: Colectiva Moradas

Desde ahí resisten, al mismo tiempo que crean relaciones de solidaridad con otras que lo necesitan: dan acompañamiento a víctimas de acosadores, abusadores y golpeadores; pintan murales para apropiarse los espacios que han querido quitarles; y hacen colectas de víveres para mujeres que han perdido su trabajo o se han visto afectadas por la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19. 

“Con acciones como esta decimos: sí, aquí también hay mujeres que luchan, mujeres que no están de acuerdo con el sistema y que están viendo las necesidades que tienen las demás para ayudarlas”, dice Estrella. “Nosotras buscamos acuerpar a otras mujeres desde nuestra postura y desde lo que asumimos como feminismo”. 

Platiqué con cuatro de las integrantes de la colectiva para conocer más de su historia y activaciones en la periferia.

Para ustedes ¿qué implica ser una mujer de la periferia?

Estrella: Yo siempre lo digo, y no me cansaré de decirlo: las mujeres de la periferia somos vistas como la mano de obra de la Ciudad de México. Acá en el estado todo es dos veces más caro y es más difícil conseguir cosas básicas. Para obtener un ingreso debemos desplazarnos hacia el centro y otros sitios. No tenemos tiempo, nuestro tiempo se nos va en hacer estos recorridos de más de dos horas. Hay quienes deben hacerlo diario porque son las cabezas de sus familias. 

Creo que ser una mujer de la periferia es una forma de marginarnos y revictimizarnos todo el tiempo, esto por parte del Estado, el mismo sistema y el entorno.

¿Cómo se conocieron? ¿Qué las hizo pensar en Colectiva Moradas?

María: Fue en 2019 durante la marcha del Día Internacional de la Mujer, en la Ciudad de México. Vamos muchas del estado, así que cada año nos ponemos de acuerdo para luego regresarnos juntas. Esa vez nos organizamos por medio de un grupo feminista. 

Ahí nos conocimos y empezamos a platicar sobre que teníamos que hacer algo en donde vivíamos y descentralizar el movimiento feminista. Desde ese momento surgieron ideas y empezamos a trabajar de este lado con el performance “El violador en tu camino”. Empezamos a activar de este lado con otras colectivas que existen en Neza. Colectiva Moradas surgió por la necesidad de hacer algo en el estado de México. 

¿Cuáles son los ejes de la colectiva?

Alejandra: Dado por todas las condiciones de pobreza, desigualdad y violencia en las que vivimos en la periferia, el principal eje es hacer comunidad con las mujeres y niñas de estos barrios y colonias. Por eso tratamos de darles acompañamiento a las denuncias de acosadores, abusadores y golpeadores. El acompañamiento que damos es a través de la página de Facebook, en donde compartimos los casos y las fotos de los abusadores. 

Otro de los ejes es el cultural. Organizamos actividades como una pinta del mural en la colonia Las Águilas y talleres sobre la prevención del abuso sexual en menores y el de autonomía sexual para las mujeres.

Nos centramos en tejer redes con otras mujeres, y lo hacemos dependiendo de las condiciones. Al final, estas nos van dando la pauta, tal como pasó con la pandemia: al no poder tener contacto físico con más mujeres, y ver las condiciones de desigualdad que afectaban, principalmente, a las mujeres pobres, fue como ideamos la campaña “Comemos todas o ninguna”. 

Cuéntenme más sobre esta campaña de “Comemos todas o ninguna” que hicieron durante los primeros meses de la pandemia.

Arely: “Comemos todas o ninguna” es una colecta de víveres para mujeres que han perdido su trabajo o se han visto afectadas por la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19.  Hasta ahora a las que se les ha brindado el apoyo son familiares de víctimas de desaparición o feminicidio. Son mujeres que nos han contado por medio de otras redes feministas y mujeres que nosotras vamos reconociendo en nuestro entorno.

Además de esta colecta ¿han hecho otras activaciones en Neza? ¿Cómo fueron?  Si quieren empezamos con el mural del que ya me hablaban hace un rato…

Alejandra: El mural lo pintamos en la colonia Las Águilas, Nezahualcóyotl, en donde, en un año, desaparecieron a cuatro adolescentes. Pintamos una pared y escribimos “Queremos a todas de vuelta”. Esta fue una manera de apropiarnos de los espacios públicos que han sido abandonados, otra vez, por el Estado, y que dejaron de ser espacios seguros para las mujeres que vivimos en estas colonias o barrios. Quisimos apropiarnos de esa calle para hacer un espacio seguro para las mujeres y niñas que la habitan y transitan.

Hasta ahora no han pintado sobre el mural, lo que significa que respetan y reconocen nuestro trabajo.

Estrella: Otra activación fue la marcha del 8 de marzo. Fue histórica porque regularmente las movilizaciones que se hacen en el estado convocan a 30, 40 personas, y la del 8 reunió a cientos de mujeres. 

Ese día le dejamos claro al Estado que aquí hay un movimiento feminista y que nuestra rabia es tanta que decidimos que era momento de explotar. Que llevamos mucho tiempo de resistencia y ya pasaremos a la autodefensa. Les dejamos claro que las calles siempre han sido nuestras y que las volveremos a tomar. 

Somos las mismas mujeres de la periferia las que dijimos que ya estuvo bueno y que es momento de hacernos presente acompañadas de compañeras de otras partes. 

Alejandra: Posterior al 8 de marzo, decidimos pegar los rostros de los agresores de las denuncias que nos habían llegado a nuestros espacios digitales. 

Imprimimos los rostros, fueron más de mil copias, y los fuimos pegando durante nuestro recorrido a la ciudad. Fue principalmente en los vagones, desde el metro Guelatao hasta Bellas Artes. Lo hicimos porque estábamos cansadas de que siempre se viera el rostro de las víctimas, incluso imágenes muy desagradables, y no de los agresores. Ellos siempre se quedan en el anonimato, siendo que fueron los que violaron, acosaron y golpearon. No queremos que sigan en el anonimato y tengan nuestro silencio, queremos dejarles claro que nosotras aquí seguimos y no nos vamos.

Todas tienen una postura feminista, díganme ¿cómo pasaron de la teoría a la acción? ¿Consideran que lo que hacen es activismo feminista?

María: El feminismo tiene que ser activista. De nada sirve que te proclames feminista si en tu entorno no lo llevas acabo. Tienes que aplicarlo y darle significado a la palabra sororidad: meterte con más mujeres; involucrarlas, hacer algo con y por ellas.

Estrella: La teoría es importante porque con base en ella tú te vas haciendo de un discurso político y un mirar político. A partir de esta postura política que tienes es como puedes ir apoyando a tus compañeras. 

Laura: Además, la teoría no es absoluta. Tenemos que experimentar con otras mujeres para conocer sus realidades y necesidades, así como las nuestras, y modificar tal vez la teoría. Debemos generar nuestras propias salidas.

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