¿El lujo también contamina?

¿El lujo también contamina?

¿El lujo también contamina?

¿El lujo también contamina?

¿El lujo también contamina?

Por Francelia Bahena

Cada vez son más y más las personas que me preguntan y preguntan si ahorrar para comprarse un artículo de lujo es una alternativa sostenible y como esta columna se nutre de sus dudas, me parece que es momento de platicar sobre el 101 de la industria del lujo y sus procesos de producción

¿Es caro porque es sustentable? ¿Les pagan chido a las personas que bordan, maquilan y componen los diseños más cotizados del mundo? ¿Si cuesta más tiene mejor calidad y por lo tanto me durará más? Estas son algunas de las dudas más comunes y hoy trataré de responderlas todas.

Empecemos definiendo brevemente el lujo, porqué es tan cotizado y por qué no todo puede ser considerado de lujo a pesar de que una misma marca lo venda. Entender y hablar del lujo es complicado debido a que es “un concepto social y psicológico ligado a la subjetividad de los gustos y tendencias del espacio donde habitamos”, así lo plantea Isabel Antón Juárez de la Universidad Carlos III de Madrid en su texto Los entresijos de las marcas de lujo. Y es que lo que hoy podemos entender como lujo no es lo mismo que se entendía hace 30 años. Antes tener un celular era un lujo, hoy el lujo es la marca de celular (y las funciones) que tienes. También la concepción del lujo cambia en función de la región o zona del mundo y cultura en la que nos encontremos “La sociedad se transforma, cambia y evoluciona los mercados con ella y, el sector del lujo, no iba a ser menos.”

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Pero a pesar ser un concepto variable, según Susana Campuzano en su libro La fórmula del lujo, un producto o servicio es “de lujo” cuando cumple con cinco características básicas: 1) No es una necesidad; 2) Es exclusivo (es decir no se puede fabricar en masa); 3) Tiene una excelente calidad; 4) Su precio es alto; y 5) Transmite emociones.

Entonces ahora sí ya podemos entender con un poquito más de contexto cómo, tristemente, que sea de lujo no quiere decir que sea sustentable. Pues aunque un producto sea de calidad y exclusivo, eso no quita que en su elaboración se hayan empleado las malas prácticas más comunes dentro de la industria: mano de obra mal pagada o recursos que contaminan el ambiente.

El New York Times publicó en Mayo del 2020 un reportaje titulado La industria del lujo oculta una cadena de suministro en India, en donde básicamente denuncian a marcas como Dior y Saint Laurent por subcontratar empresas de bordados y confección en Mumbai, India, para abaratar sus costos de producción sin que esto implique que los costos finales de sus productos se reduzcan. O sea que básicamente en este momento ya hay pruebas de que también las marcas de lujo están outsourseando mano de obra, de la misma forma que muchas marcas de fast fashion, pero peor tantito porque lo de esas marcas te vale caro.

“Los diseñadores occidentales han trasladado algunas de sus labores de bordado más importantes a la India en los últimos años, incluidas las exuberantes colecciones de Alessandro Michele para Gucci, adornadas con tigres y mariposas; las alforjas adornadas de Dior; y los atuendos de alfombra roja de Lady Gaga, Lupita Nyongo y Jennifer López, cuyo vestido Versace con estampado de jungla 2019 fue bordado en Mumbai.”

Y esto aumenta de forma radical, pues para 2019, las exportaciones de bordado de la India excedieron los 230 millones de dólares, un aumento de casi el 500 por ciento en dos décadas, según el ministerio de Comercio.

Por otro lado, ante el destape de estas malas prácticas, cada vez es más común escuchar sobre los diferentes pactos entre empresas de marcas de lujo que firman para “comprometerse” a mejorar sus condiciones ambientales de producción y contratación de sub empleados.

En 2019, por ejemplo, se firmó el “Fashion Pact” por 32 de los principales grupos de moda, que incluyen marcas como Gucci, Chanel, Alexander McQueen, Prada, Hermès, entre otros. Este pacto fue firmado en el marco del Coppenhagen Fashion Summit y tiene dos principales objetivos: reducir el calentamiento global desde la moda (bajando las emisiones de CO2) y reducir la contaminación de los océanos (específicamente reduciendo el consumo del plástico virgen y alentando a reciclar el que ya está para rescatarlo y crear nuevas fibras a partir de eso).

Este pacto fue el primero de su tipo en firmarse por marcas de lujo y, como podemos notar, se enfoca totalmente en las consecuencias ambientales de la moda, no en las sociales, necesarias para hablar de una industria más sustentable. Es una gran inicio aunque vamos tarde en acciones y hasta el momento, el pacto aun no ha rendido resultados públicos… y si no hay resultados públicos ¿entonces de qué sirve firmar pactos? Esa quizá es una pregunta para otra nota.

Respecto a las subcontrataciones en la India, el NYT también resalta que en un intento por mejorar las condiciones de trabajo en ese país, se firmó el pacto de Utthan en 2014. Este pacto sí estaba enfocado hacia los trabajadores de la industria y pretendía dar prestaciones de salud y pensiones a los artesanos. Además, “todas las fábricas tendrían que contar con extintores de incendios, una sala independiente donde los trabajadores pudieran dormir y, en las plantas más grandes, al menos dos salidas de emergencia marcadas como tal.”

Sin embargo esto no pasó al 100% y las empresas que sí lo lograron tuvieron que elevar sus costos de producción para poder garantizar estos derechos a sus empleados, lo que hizo que las marcas de lujo les dejaran, eventualmente, de comisionar bordados. No pos wow. Y es que, ojo, por sí mismo no es que esté mal la subcontratación de empresas para liberar la carga de trabajo de los empleados de las marcas de lujo, el problema son las razones por las cuáles se remiten a estas prácticas.

DIOR HAUTE COUTURE SS22. El arte del bordado | Vanidad

Prada, por ejemplo no tiene problemas en reconocer que una parte muy pequeña de su producción se realiza en isla Mauricio, en concreto, las camisetas y playeras. “Tenemos 14 fábricas en Italia y en ellas concentramos el 98% de nuestra producción, pero algunas prendas de menos valor añadido se pueden hacer perfectamente fuera, con nuestra materia prima y nuestros inspectores controlando la producción”, explican fuentes de la compañía según el periódico El País para el reportaje Ropa de lujo ‘Made in China’.

Prada es transparente en las etiquetas de la ropa, que siempre remiten al país donde ha sido elaborada y es una práctica que debería ser una constante.

Falta mucha transparencia de parte de la industria del lujo y como siempre, lo mejor que podemos hacer es seguir fijándonos primero en las etiquetas (aunque sea Versace). Y a manera de conclusión ahora podemos entender que el lujo no es sinónimo de sustentabilidad y mucho menos de conciencia o ética laboral.

Fuentes de información

https://elpais.com/diario/2009/12/27/sociedad/1261868401_850215.html

http://ocw.uc3m.es/humanidades/marcas-lujo/material-de-clase-1/ocw_ml_tema1.pdf

http://ocw.uc3m.es/humanidades/marcas-lujo/material-de-clase-1/ocw_ml_tema2.pdf

https://www.nytimes.com/es/2020/03/14/espanol/estilos-de-vida/DIOR-SAINT-LAURENT-EXPLOTACION-INDIA.html

https://www.vogue.com/article/fashion-pact-sustainability-g7-summit-emmanuel-macron

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