Iniciemos el 2023 contando abrazos, besos y recuerdos, no calorías

Iniciemos el 2023 contando abrazos, besos y recuerdos, no calorías

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Iniciemos el 2023 contando abrazos, besos y recuerdos, no calorías

Iniciemos el 2023 contando abrazos, besos y recuerdos, no calorías

Por Pame Clynes

Muchas cosas me causan tristeza, pero una muy grande es ver a mujeres agarrar con los dedos las migajas de un pan dulce al prohibirse de disfrutar el pedazo completo.

¡Típico! Uno de los propósitos de año nuevo más populares en nuestra sociedad es empezar la dieta o el “detox” en Enero. Pongo detox entre comillas porque nuestros cuerpos ya vienen con un proceso sofisticado de detoxificación y drenaje de toxinas, pues a eso se dedican nuestros mágicos órganos.

Lo fuerte es que el bombardeo de mensajes para intentar no subir de peso empieza desde diciembre. Odio esos headlines en redes sociales que te dicen “¿Cómo no subir los kilos decembrinos?”, enfatizando un tipo de terror y de angustia como si eso fuera lo peor que nos pudiera pasar. Así como los osos entran en su letargia invernal después de un periodo intenso de alimentación, la hibernación humana en los primeros meses del año se convierte casi casi en no ingerir ningún tipo de comida. La diferencia es que los osos se despiertan y salen a buscar comida. Al parecer nosotros nos quedamos dormidos y le decimos adiós al gluten, bye lácteos, ni se te ocurra comer carbs, sal, azúcar… Nos sentimos tan culpables de los placeres que disfrutamos en diciembre cuando de pronto regresamos a la realidad y entramos en starvation mode.

Es completamente normal, básicamente es naturaleza humana, que en estas fechas festivas comamos un poco más de lo habitual. La comida es parte de la celebración. Y, aún en varias casas siempre hay algún familiar con una fijación en los platos de los demás. Comentarios de “¡Órale, alguien tiene hambre!”, o “¿Te vas a servir otro pedazo de pastel?” Me han contando peores comentarios que no voy repetir aquí, pero it’s nobody´s business lo que haya en el plato de una persona. Mejor contagiemos más alegría y menos juicio.

Nadie nacimos sintiéndonos culpables por comer

La culpa la aprendimos, nos la inculcaron y por eso tenemos que tener mucho cuidado en quién confiamos. Hay mucho charlatán allá afuera ganando de nuestras inseguridades corporales. Qué gran estrategia de mercadotecnia, ¿no creen? Nos contaminan de culpa y vergüenza por el antojo de unos chocolates, para después vendernos el jugo de apio. Para nada estoy en contra de quien quiera establecer una rutina de wellness diferente, lo que quiero decirles es que festejar por unos días el goce de comer lo que se nos antoje, no tiene ningún impacto negativo a nuestra salud.

Mientras escribo esta nota estoy comiendo las galletas de avena que hace mi mamá cada Navidad, dejando migajas por toda mi compu. Aunque son de avena no crean que son “light”, tienen su deliciosa dosis de mantequilla, azúcar y sal. Crujientes por fuera pero suavecitas por dentro. Su sabor me trae los mejores recuerdos con mi mamá, y eso es lo que hace la comida. Por eso este mes dedico mi columna a todas las personas que están luchando contra trastornos de conducta alimentaria (TCA), con la esperanza de que al leer artículos como el mío, se puedan sentir menos solas y menos contaminadas con aquellos que dictan lo contrario.

Estaba leyendo en la página eatingdisorderhope.com de un estudio que indica que hay 10 millones de mujeres y un millón de hombres en Estados Unidos que padecen de TCA, y estos números son sólo de los que realmente se reportan públicamente. Hay muchísimas personas que no saben que lo padecen. Otras personas no entran dentro del criterio clínico de un desorden alimenticio pero batallan todos los días con ello. Y, otras luchan en silencio y no reciben la ayuda adecuada.

Se nos olvida que las calorías son la energía que nuestro cuerpo necesita para vivir y que cada cuerpo es diferente

Controlar el número de calorías o macronutrientes que una persona ingiere es un desgaste para la salud mental. Dejar que unos números arbitrarios dicten lo que escojas o no para comer no es salud. Nuestros propios cuerpos hacen un trabajo increíble en regular los procesos biológicos, el latido de nuestros corazones, cuando vamos al baño, cuando respiramos. No es necesario que nos enseñen a micromanejar la comida y a controlar el peso basado en factores externos como si fuera algo universal y preciso para cada persona. Cada cuerpo es único y es complejo. La cantidad de energía que guardamos y que usamos NO es un concepto universal.

La nutrióloga clínica especializada en TCAs, Gina Salame (@ginasalame), dice que, “El hecho de que un alimento sea bajo en calorías, no le da ningún valor adicional a los demás alimentos”. Contar calorías es opresivo y nos distrae de los verdaderos valores y propósitos que nos definen como seres humanos. El peso y las tallas NO nos definen como personas. Once again for the people in the back: el peso y las tallas NO nos definen como personas.

Esta obsesión por las disque food rules nos está haciendo mucho daño. Lo que me hace preguntarme:

Si una persona elige algo porque tiene menos calorías y aún se queda con hambre, ¿no debería de comer algo más?

Si alguien decide comer X alimento debido a las bajas calorías cuando realmente quería comer Y, ¿es esta realmente su mejor opción?

Si una mujer está luchando con la comida y con su imagen corporal, ¿qué no estar contando calorías es tóxico para ella?

Borremos la palabra guilty en pleasure

Raquel Lobatón, nutrióloga antidieta especializada en nutrición incluyente (@raquelobaton), dio una conferencia sobre el mal uso de las etiquetas en los productos de exceso de calorías, exceso de sodio, exceso de azúcar. Como bien dice ella, ¿exceso para quién? Es un número completamente arbitrario. No podemos medir con la misma vara a una mujer embarazada, a un niño de ocho años, a un atleta de alto rendimiento, y a una persona de la tercera edad. Después de escuchar a Raquel decir eso, inmediatamente hice mis propias etiquetas con la frase exceso de felicidad, exceso de placer, exceso de alegría y las pegué encima de las otras. Estas reglas externas que decide la cultura de de las dietas no están ayudando a nadie. Es más, esto es un continuo fracaso para la salud pública.

We Know the Dangers of Eating Disorders—So Why Are We Still Celebrating Weight Loss at Any Cost? | Glamour

Propósitos reales de detox que debemos hacer

1. Dejar de felicitar a alguien cuando baja de peso, pues no sabemos la verdadera razón por la que alguien enflaca. Al hacerlo estamos alabando una depresión, una enfermedad mental, un cáncer, un trastorno de la conducta alimentaria.

2. Dejar de juzgar a una persona cuando sube de peso. Repito, no sabemos la razón. Esa persona puede estar viviendo una depresión, una enfermedad autoinmune, y de nuevo, un trastorno de conducta alimentaria.

3. Dejar de compartir y presumir las fotos de cuerpos de antes y después. Estamos viviendo una crisis mundial, al borde de una guerra nuclear. Creanme a nadie le interesa ver una foto del cuerpo de alguien más.

4. Dejar de satanizar a los alimentos como “buenos o malos”, en especial con nuestros hijos. Drop de food rules.

5. Dejar de obsesionarnos por las calorías y escuchar mejor lo que nuestros cuerpos necesitan.

6. Dejar de fijarnos en los platos de los demás. My plate, my business.

7. Dejar de creer que el peso de una persona es algo que esa persona escoge. La diversidad corporal es REAL.

8. Dejar de compensar el comer “de más” con hacer más ejercicio, o peor saltarse comidas.

9. Dejar de pasar dietas y tips a los demás como si fueran chismes. Igual dejar de chismear también estaría bien.

10. Dejar nuestro privilegio a un lado antes de juzgar cómo se ve una persona. La salud y la felicidad vienen en diversas figuras.

Para terminar, aprovecho para también recordar que no se nos olvide que para algunas personas estas fechas son tristes. No para todos es un momento feliz al ritmo de villancicos, luces de colores, regalos de Santa, roscas, nieve y chocolate caliente como pasa en las películas. Para muchos puede ser una temporada muda. Casas sin árbol de Navidad. Gente que pasa las noches sola porque por alguna razón no pueden estar con sus seres queridos. Hay personas que están pasando por un mal momento, que están viviendo un duelo, que están trabajando en alguna recuperación, que están luchando con una recaída, que están lidiando con un trauma. Para esta gente no hay milagros en la calle 34.

Ninguna experiencia alrededor de la comida debería ser calculada. La comida está para brindarnos placer, risas, emociones y muchas sobremesas, no traumas agregados. Así que empieza este 2023 contando lo que sí vale la pena: abrazos, besos, bendiciones, buenos recuerdos y orgasmos. Será más divertido. Trust me!

¡Feliz año!

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